Lunes, 24-08-09
En la antigua Roma, el emperador dejaba decidir al público si quería muerte o vida para los gladiadores que peleaban en el coliseo. En el estadio olímpico de Berlín ocurrió ayer lo mismo en la final de las 1.500 metros femeninos. La española Natalia Rodríguez, a falta de 200 metros para meta, fue a pasar por un hueco en la cuerda de la pista y se produjo un forcejeo de brazos, normal en este tipo de pruebas cuando se está cogiendo posición para la recta final. Pero al caerse la atleta etíope, el público silbó a la española nada más ver que ganaba la prueba. Estos silbidos hicieron que el jurado técnico descalificase a la española. En estas carreras, donde hay mucho contacto físico, es normal este tipo de incidentes. Natalia habría ganado igual si no se hubiera producido el incidente porque ha demostrado que era la más fuerte de las atletas en la final: salió del percance retrasada y adelantó a sus rivales en la recta porque era la mejor y no porque se beneficiara del accidente.
En este Mundial se han creado precedentes peligrosos, al meter en la final a atletas que se han visto envueltos en accidentes de carrera porque el público lo pidió, como ocurrió con los 800 femeninos y los 5.000 masculinos.
El estadio olímpico de Berlín, además de ser testigo de las hazañas de Jesse Owens y de Usain Bolt, se ha convertido en un circo romano donde el público es el que decide.

