El candidato afgano Abdulá Abdulá, durante la rueda de prensa ofrecida hoy / Efe
Actualizado Lunes, 24-08-09 a las 01:01
“Los primeros informes son alarmantes, se trata de miles de violaciones en todo el país”. El doctor Abdulá Abdulá habló claro y alto. Las palabras del máximo rival de Hamid Karzai en las elecciones afganas fueron un golpe más a la credibilidad del proceso electoral que vivió el país el pasado jueves. Cada hora que pasa llegan nuevos informes sobre irregularidades y la Comisión de Denuncias Electorales elevó a 225 las reclamaciones que ha recibido hasta el momento, de ellas 35 calificadas como “altamente prioritarias”, es decir, que pueden “influir en el resultado final de los comicios”, según el responsable de este organismo al que se le acumula el trabajo, Grant Kippen.
Un problema más para la comunidad internacional. Después de la temprana enhorabuena desde Washington y Bruselas, habrá que esperar a la nueva lectura que se realiza de confirmarse el fraude masivo que denuncia la oposición. La Comisión Electoral Independiente tiene previsto hacer público mañana los datos de participación y el resultado de las elecciones con el treinta por ciento de los votos escrutados. De momento siguen llegando las urnas desde diferentes partes del país, pero los rumores de manipulación son tan fuertes que la credibilidad del proceso ha quedado seriamente afectada y en las calles pocos dudan de la victoria absoluta de Karzai. La baja participación es otro de los factores que, según los expertos consultados, resta legitimidad a esta votaciones marcadas por las amenazas talibanes.
Las organizaciones internacionales reciben cada día denuncias de sus fuentes sobre el terreno, pero como todo lo que ocurre en este país, son muy difíciles de contrastar ya que la inseguridad hace que no pueda haber personal expatriado sobre el terreno. Dos de estas denuncias afectan, por ejemplo, a los distritos de Ghormach y Qaysar, en las provincias de Badghis y Faryab, donde se expulsó a los observadores afganos y a los interventores de los dos principales candidatos y se cerraron las urnas con 19.000 y 10.000 papeletas favorables a Karzai, respectivamente. En otras provincias como Uruzgán, algunos colegios electorales no se cerraron hasta ayer, domingo, 48 horas después del cierre oficial.
“Lo más llamativo es que todas las denuncias que están saliendo a la opinión pública acusan a Karzai de manipulación. De confirmarse su victoria en primera vuelta la comunidad internacional va a tener un serio problema si quiere que los afganos se lo crean”, opina el analista local Haroun Mir. El enviado especial de Obama al frente “Af-Pak”, Richard Hoolbroke, mantiene cada día contacto con Karzai y Abdulá Abdulá. Sus ojos son los de Barack Obama sobre el terreno y deberá hilar fino porque es la política del ‘cambio’ impulsada por el nuevo inquilino de la Casa Blanca la que está en juego.
Deterioro en la campaña militar
Las elecciones han complicado la escena política en un momento crucial en el que, tras cinco años centrados en Irak, Estados Unidos parecía dispuesto a situar Afganistán en el primer lugar de sus prioridades internacionales. Los más beneficiados de la situación son unos talibanes que además de lograr que las elecciones tuvieran una participación mínima en el sur y este del país, han logrado llevar si ofensiva hasta el norte del país. Al menos seis agentes de las fuerzas del orden perdieron ayer la vida en este lugar tras la explosión de una bomba al paso de su vehículo. El pasado jueves aquí se registraron también graves incidentes y al menos veinte insurgentes perdieron la vida en combates contra el Ejército Nacional Afgano.
“La situación es muy seria y se está deteriorando”, declaró el Jefe del Estado mayor estadounidense Mike Mullen. El pasado mes de junio Estados Unidos perdió a 44 hombres y la insurgencia “usa cada vez técnicas más sofisticadas y mejores armas”, aseguró Mullen. Estados Unidos cuenta con treinta mil hombres sobre el terreno y desde el mes pasado mantiene una ofensiva total para intentar controlar la situación en Helmand.
Kabul es la capital de las conspiraciones y los rumores. Los candidatos se mueven blindados por las fuerzas de seguridad –hay que recordar que si se asesinara a uno de ellos las elecciones quedarían invalidadas- y cada tarde rompen el ayuno del ramadán celebrando reuniones en diferentes restaurantes de la ciudad. Las elecciones han enturbiado el panorama político nacional y el temor al conflicto étnico entre pastunes y tayikos ha encendido las alarmas entre los padrinos internacionales de un proceso que costó más de doscientos millones de euros.



