Abantos, diez años después del cinturón de fuego que arrasó 170.000 árboles
Cientos de chalés ocultan parte de la zona destrozada por el incendio / ABC
Fue el mayor incendio de la década. Una de las mayores catástrofes medioambientales de la región. Por el lugar, el Monte Abantos, uno de los más emblemáticos de la sierra de Guadarrama. Por las hectáreas arrasadas, 450, y por los 170.000 árboles que fueron pasto de las llamas.
Ocurrió el 20 de agosto de 1999. Hace diez años. El fuego y el viento se aliaron, poco después de las 15.30, para destruir centenares de hectáreas de pino, matorral de jara y roble del Monte Abantos, que, con sus 1.753 metros de altitud, permaneció ardiendo veinticuatro horas. Un fuego que tardó en ser controlado y en el que tuvo que participar hasta el Ejército, así como más de 500 voluntarios de las poblaciones afectadas y de Castilla y León.
Las llamas comenzaron cerca de dos urbanizaciones, en la parte baja del monte, a la altura de «El Zaburdón», cerca de la plaza de San Lorenzo, y subió ladera arriba, extendiéndose, propiciado por el aire, hacia el Valle de los Caídos y la finca de Cuelgamuros. La voracidad del incendio y las proporciones que iba adquiriendo, sobre todo en el frente este, el más virulento, obligaron a evacuar a más de 4.500 personas de urbanizaciones situadas en San Lorenzo de El Escorial -entre ellos el camping y el Hospital-, el Valle de los Caídos y la Sierra de Guadarrama, rodeadas de un cinturón de fuego.
Hacía las once de la noche Guadarrama estaba en alerta máxima. Además de la pérdida ecológica que, a esa hora, ya todas las autoridades lamentaban, los esfuerzos se centraron en que no se perdieran vidas. Por suerte, no hubo víctimas.
Fue una pesadilla que arrasó 450 hectáreas con 17.000 árboles de bosque mediterráneo de pino de alto valor, así como de una zona de matorral de jara con algunas encinas y robles en su parte baja. Además, destrozó el hábitat de muchas especies animales.
Tres años después, en 2002, concluyó la reforestación del monte Abantos, que había quedado devastado por el siniestro. Se plantaron 450.000 nuevos árboles de la mano de la Comunidad de Madrid, presidida entonces por Alberto Ruiz-Gallardón.
La historia volvía a repetirse ya que Abantos había sido reforestado con pinos resineros en una primera fase en 1910 y en una segunda en 1956, de la mano de la Escuela de Ingenieros de Montes. Fue un lento proceso que dio sus frutos, unos frutos que devastaron las llamas y que volvieron a plantarse de nuevo.
En el caso de la catástrofe de Abantos se dijo, entonces, que tendrían que pasar casi cien años para que los pinos, y el resto de los 170.000 árboles calcinados por el fuego en una superficie de 475 hectáreas, recuperasen la frondosidad que tenían en 1999.
Mientras los vecinos de la zona veían el renacer de las nuevas especies plantadas - pinos, roble, encina, abedul, arce, fresno, chopo, castaño y las frondosas ripícolas, junto a los arroyos- , comenzaba la presión del cemento y el ladrillo.
Así lo denunciaban los residentes, siete años después de la efeméride. Explicaban cómo una de las laderas del monte, en San Lorenzo, estaba siendo invadida por cientos de construcciones de chalés y bloques de pisos.
El próximo sábado, la Asociación para la Recuperación de los Bosques Autóctonos, conmemorará de forma simbólica lo sucedido. Una charla breve sobre las especies plantadas y las amenazas actuales que sufre Abantos, centrarán el acto.

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