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La cuenca del Ebro, con menos agua que hace un año tras verter al mar 4.500 hectómetros
FABIÁN SIMÓN El Ebro muestra estos días a su paso por Zaragoza su habitual estampa del estiaje
Pacto del Agua: 17 años de espera, suma y sigue
El Pacto del Agua de Aragón recogió en 1992, por consenso político, la lista de embalses que necesitaba esta Comunidad para evitar lo que se ha producido, por ejemplo, este año, que la escasa regulación del Ebro impida retener el agua de un año lluvioso para utilizarla en un año de sequía. Esas obras, sin embargo, siguen esperando. Encalladas en años de retrasos, controversias políticas y voluntades cambiantes en el Gobierno central, las obras continúan acumulando retrasos. Como informó ABC la semana pasada, la ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, sigue sin convocar la comisión de seguimiento del Pacto del Agua de Aragón. Espinosa, como ministra de Medio Ambiente, ostenta la presidencia de este órgano, encargado de analizar periódicamente como marchan los proyectos. Varias veces ha anunciado que iba a convocarla, pero aún no lo ha hecho. La comisión lleva casi dos años sin reunirse.
La cuenca del Ebro ha vivido uno de los mejores años hidrológicos en mucho tiempo, pero no ha sido capaz de aprovecharlo para el futuro. Llovió y nevó en abundancia en otoño y en invierno, pero a estas alturas la red de embalses de la cuenca del Ebro está incluso por debajo que hace un año. La explicación es sencilla: la red de embalses es insuficiente y no siempre se puede retener el agua sobrante. El Ebro es un gran sistema que está poco regulado. Sus embalses, prácticamente, sólo dan de sí para atender las necesidades de suministro de una campaña.
Baste un dato: en estos momentos, entre todos los pantanos que hay en la cuenca del Ebro se guardan 4.848 hectómetros cúbicos, y prácticamente lo mismo -más de 4.500 hectómetros cúbicos- se vertieron al mar entre enero y mayo, porque no había presas en las que retenerlos.
Así que, a pesar de lo mucho que llovió, a pesar del buen año hidrológico que ha tenido la cuenca del Ebro, a estas alturas sus embalses tienen menos agua que hace un año. El dicho que reza «el que tuvo, retuvo», en el Ebro es difícil de cumplir. Y eso que se ha visto correr agua en abundancia este año.
Los regantes ya lo advirtieron
Entretanto, siguen sin hacerse realidad las obras del Pacto del Agua de 1992. En él se estableció la lista de embalses que necesitaba Aragón para garantizar sus necesidades de suministro. Se cifraron en una reserva hídrica de 6.550 hectómetros cúbicos, la misma que recoge el Estatuto de Autonomía de Aragón desde hace más de dos años. Pero, sin embalses, no se puede guardar el agua con la que poder alcanzar esa reserva de 6.550 hectómetros cúbicos.
Los regantes ya se lamentaban el pasado invierno por el agua que se estaba dejando correr. Los embalses que hacen falta no se construyen, y los que hay disponibles no dan de sí para retener el caudal de un año hidrológico tan bueno. Los agricultores advirtieron que se estaba dejando correr agua suficiente como para tener garantizado el abastecimiento de la presente campaña y de dos años más.
A estas alturas del verano, con menos reservas que hace un año, otra vez habrá que mirar al cielo en otoño, confiar en que llueva lo suficiente para llenar los embalses y no ir justos en la primavera y el verano del año que viene.
Más consumo que otros años
Si se observan las estadísticas de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) se observa que, por término medio, desde que empieza la campaña de riegos hasta que llega el otoño, se consumen en toda esta cuenca del orden de 2.500 hectómetros cúbicos de agua embalsada. Eso significa que el caudal que ha ido a parar al mar habría garantizado las campañas de 2010 y 2011.
En estos momentos, sin embargo, la reserva hídrica de la cuenca del Ebro es inferior que hace un año. Como en invierno se sabía que las reservas eran más que suficientes para la presente campaña, en algunas zonas los agricultores se decidieron a sembrar cultivos que necesitan más agua y que otros años no se siembran por falta de caudales. A ello se han añadido las altas temperaturas que se han registrado este verano, con muchos días seguidos de un calor muy intenso, lo que ha incrementado también la demanda de agua de riego.
Al final, entre el agua que no se pudo retener por falta de embalses y la que se ha consumido de más en comparación con otros años, la red de embalses de la cuenca del Ebro se encuentra en estos momentos al 65,5 por ciento de su capacidad, con 4.848 hectómetros cúbicos de agua, mientras que hace un año estaba al 74,3 por ciento, con 5.490 hectómetros cúbicos de agua embalsada.
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