El régimen cubano sospechó que «Pánfilo» podría haber sido comprado por la disidencia para lanzar esas proclamas ante la cámara y fue interrogado varias veces por ese asunto. Tanto es así, que «Pánfilo» mandó un vídeo a un canal de Miami para asegurar que nadie le había dado un centavo y que a él no le interesa la política, «ni la de aquí, ni la de allá». Pero sus palabras no han convencido a la justicia cubana que, según el Miami Herald, condenó al habanero a dos años en prisión. Según estos medios, fue un juicio vedado a todo el mundo menos a su madre y sus tres hermanos. El cargo que se le imputa es «peligrosidad social predelictiva», una figura del código penal cubano que permite la detención de personas que están en una situación proclive a cometer un delito. En el caso de "Pánfilo", el argumento que se esgrimió fue que llevaba diez años sin empleo. "La defensa articuló los términos de que era un hombre enfermo de alcoholismo, que lo es. Los acusadores alegan que Juan Carlos estuvo casi diez años sin trabajar para el gobierno. No hablaron en ningún momento de los vídeos", dice un periodista para cubaencuentro.com
«Pánfilo» parecía conocer su suerte cuando en un tercer vídeo anterior a la detención decía que sabía que se lo iban a llevar. En pleno malecón de La Habana y de nuevo en claro estado de embriaguez, «Pánfilo» repetía su célebre frase para acabar diciendo: «Yo no me quiero ir de Cuba. Yo sólo pido que ayuden a mi familia. Hay tremenda hambre».
