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La política de hechos consumados vuelve a darle una victoria a Alvaro Uribe, hoy por hoy, ganador por puntos en el combate que mantiene mano a mano con Hugo Chávez, en rigor, su único adversario de peso en la región. El presidente de Colombia cerró la madrugada de ayer el denominado Acuerdo en Materia de Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad con Estados Unidos, que permitirá a tropas norteamericanas moverse como pez en el agua en siete bases colombianas.
El convenio, caballo de batalla de la guerra dialéctica que mantienen ambos presidentes, abre las puertas de esa media docena larga de cuarteles de tierra, mar y aire colombiano, a un máximo de ochocientos militares y seiscientos civiles, cuya misión, al menos oficialmente, será realizar operaciones conjuntas de lucha contra el narcotráfico y el terrorismo guerrillero que asola Colombia desde hace más de cuarenta años.
La medida, “un error garrafal en la forma en que Colombia la presentó” originalmente, en palabras del escritor y periodista argentino, Andrés Oppenheimer, desató la ira de Venezuela seguida, como es habitual, a coro de Bolivia y Ecuador. Hugo Chávez, con olfato de perro de presa para oler sangre, vio el cielo abierto para intentar meterle, una vez más, el diente a Alvaro Uribe a quien llegó a amenazar en la reunión de esta semana de Unasur (Unión de Naciones Suramericana) en Quito con responder militarmente, antes de pronosticar “vientos de guerra” en el continente como si éste fuera terreno abonado para una invasión de marines. El presidente de Colombia, un pura raza capaz de moverse con soltura en territorios minados, volvió a salir, pese a estar ausente de esa reunión, sin sentir en carne propia el colmillo afilado del bolivariano que no consiguió, pese a estar en Quito como en su casa, una condena para el acuerdo suscrito con EE UU.
El “problema de las bases”, es el último tirón de una cuerda que tiene al presidente de Colombia y a Chávez jalando de sus extremos pero, “la tensión no comenzó con Uribe y Obama acordando incluir militares de los Estados Unidos en siete bases colombianas, sino con la carrera armamentística en la que Caracas realizó compras masivas de armamento a Rusia, China, Irán, Suecia y España, además de instalar militares cubanos en bases venezolanas y de invitar a la marina de guerra rusa a efectuar maniobras en el Caribe”, asegura el politólogo Claudio Fantini. Esos son los puntos débiles que Alvaro Uribe Vélez, el presidente más votado en la historia de Colombia, quiere explotar en la cumbre extraordinaria de Unasur, - el 28 de este mes en la ciudad argentina de Bariloche- contra Chávez. Esta convocatoria fue todo lo que consiguió el presidente de Venezuela en Quito.
En Argentina, con el tratado EE UU Colombia sellado, se hablará de algo que ya no tiene marcha atrás y se celebrará un nuevo round o pelea de gallos entre los vecinos peor avenidos del continente. Frente al bombardeo al que previsiblemente someterá Chávez a Uribe éste descargará toda su artillería de argumentos como los mencionados por Fantini así como sus vínculos con las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y el narcotráfico y el de sus leales Evo Morales y Rafael Correa. Con éste último, el colombiano también aplicó la política de hechos consumados al reventar el año pasado el campamento de las Farc en Ecuador donde Raúl Reyes, el número dos de la guerrilla más antigua de América, volcaba sus planes y sentimientos más profundos en un ordenador que las Farc ahora han rebautizado “la lámpara de Aladino”.
Tras sucesivos amagos de romper relaciones con Colombia Chávez, “en el fondo, y por eso en el trato personal se llevan de maravilla, muy parecido a Uribe”, asegura Jorge Elías, fino analista internacional, ha recurrido a la represalia económica como único consuelo. Esta semana anunció que no renovará contratos de suministro de petróleo y compra de vehículos a Bogotá. Argentina será el primer país en sacar tajada del desplante pero Colombia tendrá como compensación, “el tratado de libre comercio con EE UU al que, curiosamente, se opuso Obama cuando era senador y candidato a la Presidencia”, observa Elías.
Unidos en el mapa y lejos en la ideología Uribe y Chávez comparten algo más que su obsesión por la reelección eterna, “no toleran la intromisión. Detrás de ellos no hay partidos políticos consolidados sino movimientos que giran sobre ellos mismos, algo así como el peronismo con Perón”, resume Jorge Elías, autor de varios libros sobre el continente y columnista del diario argentino La Nación. Llegado este punto la pregunta que se impone es, ¿Quién se beneficia de esta pelea sin fin? Claudio Fantini responde con otra: “¿Quién puede descartar que un probado guerrero como Uribe y un demagogo desmesurado como Chávez no diriman militarmente el duelo ideológico y geopolítico que desde hace tiempo están librando?”. Jorge Elías no va tan lejos, “la pelea, como ha sucedido antes, es útil para los dos. Chávez puede insistir en su teoría de la guerra contra el imperialsmo y justificar su desmesura compra de armas. Uribe, insistir en su campaña encubiert por la reelección”.-
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