Publicado Lunes, 10-08-09 a las 19:10
Las autoridades sanitarias norteamericanas se preparan para una segunda oleada de la gripe A H1N1 potencialmente mucho más virulenta que la primera. Ya hace tiempo que los expertos avisan de la posibilidad de que durante el invierno del Hemisferio Sur el virus se haya “rearmado” para volver con más ganas al Hemisferio Norte en otoño. El reto es estar preparados para todo sin causar el pánico entre la población.
En la primera oleada de la gripe se vivió una auténtica psicosis, con gente llevando mascarillas sanitarias para subir al metro y escuelas cerrando al primer indicio de contagio. Las cosas se relajaron un tanto al constatar que la amenaza no parecía tan grave. Aunque hubo algunas muertes, todas ellas eran de pacientes anormalmente vulnerables, por edad o por padecer una enfermedad previa. A pesar de su truculencia mediática, la A H1N1 parecía mucho menos dañina que cualquier gripe común, que cada año obliga a hospitalizar a unos 200.000 norteamericanos y contribuye a unas 36.000 muertes.
Otra cosa es que los expertos ya advirtieron de que cada día que pasa sin que aparezca la vacuna, el virus es libre de mutar y de volverse más temible. Sobre todo a su paso por las poblaciones del Tercer Mundo, sanitariamente mucho más indefensas. Lo que se teme es un retorno con mucha más fuerza, que obligue a revisar todos los protocolos de prevención.
Reforma sanitaria
Reforma sanitaria
La gripe era uno de los puntos de la agenda del presidente Barack Obama a su llegada ayer a Mexico. Pero sin duda el debate más grave sobre el tema lo tiene Obama dentro de casa. Estados Unidos se encuentra en estos momentos profundamente dividido entre los partidarios de acometer de una vez la reforma que lleve a la cobertura sanitaria universal y los que se oponen a ello invocando los gastos y el miedo a que el gobierno decida a qué médico tiene que ir cada ciudadano.
No le está resultando nada fácil a Obama sacar adelante este asunto. Son muchos los que, teniendo ya seguro médico y ningún problema grave de salud a la vista, se resisten a rascarse el bolsillo por sus conciudadanos menos afortunados. Además en este caso se da la curiosa circunstancia de que los republicanos y los detractores de la reforma están mejor organizados que los seguidores de Obama. Sus míticos 13 millones de seguidores y voluntarios por Internet se muestran apáticos en este caso, dicen algunos que porque las huestes del “Yes, We Can” se esperaban un presidente menos de centro del que tienen, y entonces se han decepcionado y enfriado. Está por ver si la llegada de una gripe real radical puede darle la vuelta a la gripe política.


