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La audiencia respalda la serie
«Amar en tiempos revueltos» se estrenó en septiembre de 2005 con una media de 2.065.000 espectadores y una cuota de pantalla del 20,6 por ciento en esa temporada. Desde entonces, la audiencia no ha hecho más que crecer otorgando grandes éxitos a la serie. Así, en la temporada 2008/9 obtuvo un «share» del 22,4% y 2.634.000 espectadores. Y, actualmente, durante la época estival, registra una media del 22,1% y 2.490.000 espectadores.
«Hay que subir este botón un dedo; entro en la escena caminando así, ¿ves? y me tira un poco». Son las palabras de Manuel Bandera dirigiéndose a la encargada de vestuario mientras espera su turno para grabar sus escenas. Hoy luce un pantalón de pinzas blanco, con un jersey fino de punto y una americana azul, «muy marinerito», le dicen los compañeros.
«Son prendas que encuentro sobre todo en tiendas de segunda mano, cosas que tengo en mi propia casa de mi familia o de amigos que guardan ropa de antepasados y cuando hacen limpieza se acuerdan de mí» , explica Miguel Ángel Milán, director de vestuario de la serie.
Su nombre y apellido le otorgan el espíritu y la creatividad para dar con los bocetos adecuados y diseñar cómo irán vestidos los personajes a su cargo. No es fácil encontrar la ropa que buscan en el momento que la necesitan: «Azar a veces, la magia existe pero mi trabajo es muy complicado», sostiene. Se trata de una labor de investigación muy importante, «casi arqueológica». En la serie hay personajes o figurantes de muy distintos estratos sociales, los de clase alta sí visten a la moda del momento, pero conviven con otros de las clases más bajas, cuyas vestimentas responden a épocas anteriores, prendas muy usadas y estropeadas. Y eso es lo más difícil. «Cuando encuentro en una tienda alguna alhaja, la compro, nunca sabes cuándo la utilizarás, y he encontrado algunas piezas tan fantásticas como un sombrero original de los 50». Entre todo el ajuar hay piezas fetiche, como algunas joyas originales o conjuntos artesanales únicos; «Marina San José luce, en alguna escenas, piezas de Dior de los 50», un derroche que le confiere credibilidad a la serie.
«Yo he conseguido patrones auténticos de esos años, son obras de arte, y en ellos nos basamos para hacer nuestros propios diseños». Miguel Ángel y su equipo no sólo compran los trajes, en tiendas de segunda mano, un alto porcentaje lo diseñan y cosen ellos mismos, y otro porcentaje similar lo adquieren a marcas actuales como Zara. Medias y calcetines son siempre regaladas por las firmas patrocinadoras, al igual que las sesiones de vestidos de noche, para las que los grandes diseñadores ceden los trajes.
Las fuentes de inspiración, tanto para Milán como para Virginia Flores, directora de Arte y Atrezzo, son los catálogos estadounidenses de los 50, revistas de moda de la época, eróticas, o de estilo de vida centradas en esos años. Internet también es una gran fuente. «Entonces no existía IKEA ni «Tu mueble», ahora tenemos que dirigirnos a anticuarios, tiendas de antigüedades como las de La Latina o Chueca en Madrid», y aún así no es fácil. Flores asegura que la tarea parece sencilla, pero «son muchas horas de trabajo en una jornada para un equipo de doce personas».
También adquieren muebles nuevos, «las modas vuelven y hoy en día los fabricantes se basan en aquellos años para sus diseños, pero se nota que no son de entonces».
Su final es incierto. Una vez utilizados, los muebles se quedarán en el almacén de TVE -los de las temporadas anteriores ya están allí-, la ropa y complementos «probablemente se subastarán», expresa Milán con tristeza. «Muchos artículos son míos», le servirán para nuevos proyectos porque para estos profesionales es un placer trabajar en producciones de época. De hecho, Flores es una especialista en estos trabajos.
Paco López Suárez, director de Peluquería y maquillaje, incorporado a la cuarta temporada, considera que lo más sofisticado es encontrar los tonos de maquillaje del momento. «En esos años no existían las tonalidades que tienes hoy». Luces que ahora están al alcance del pincel, y que entonces se limitaban a una sola gama: tonos ocres, pardos, adornados con unos labios extremadamente vivos, pero siempre oscuros.
López matiza que, además, hay diferencias a la hora de dar color a un personaje de un estatus elevado, frente a uno que sobrevive a duras penas. El peinado es otro capítulo. Es necesario documentarse.
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