La sentencia contra el jefe de una banda de atracadores sorprende por su crueldad, y revela el endurecimiento del régimen bajo la batuta del «superministro» Nayef
Un tribunal saudí ha condenado al jefe de una banda de ladrones de joyas a morir decapitado y a que su cuerpo sea posteriormente cruficicado en un lugar público por espacio de tres días.
El hecho, revelado por el diario saudí «Al Okaz», ha despertado cierta sorpresa por los detalles escabrosos de la ejecución poco normales en el reino de los Saud. El régimen más integrista del Golfo condena con la decapitación pública los delitos de homicidio, violación y tráfico de drogas, pero esa pena se extiende raramente al delito de robo aunque sea a mano armada.
Además del jefe de la banda de ladrones, identificado como Surhan al Asiri, otros seis miembros del grupo han sido igualmente condenados a la ejecución por espada. Según «Al Okaz», los siete sentenciados han solicitado que un tribunal de casación revise su sentencia.
Hace escasos meses, Amnistía Internacional denunció que las ejecuciones públicas que lleva a cabo la justicia saudí -en una aplicación estricta de la Sharía, la ley islámica- han progresado de modo alarmante, y podrían alcanzar una media de dos decapitaciones por semana.
En Riad, la capital, las ejecuciones se celebran en la infame plaza denominada «chop-chop» en el argot local, frente a la mansión del gobernador y donde el Rey Abdelaziz bin Saud conquistó el poder hace poco más de un siglo. Las decapitaciones se llevan a cabo muchos viernes después de la oración en las mezquitas, y la policía religiosa vela para que ningún espectador pueda grabarlas con sus aparatos de vídeo o el teléfono móvil.
Al menos la mitad de las ejecuciones públicas tienen por víctima a extranjeros procedentes de países pobres de Asia y África, según ha denunciado el mismo informe de Amnistía Internacional. «El proceso mediante el cual se impone la pena de muerte es duro, en gran parte secreto y terriblemente injusto. Los jueces, todos ellos hombres, gozan de una amplia discrecionalidad», dice el texto de la organización con sede en Londres.
Los ciudadanos pobres de países africanos y asiáticos constituyen un porcentaje muy alto de las ejecuciones porque no entienden el árabe y no tienen acceso a personas influyentes que pueden interceder por ellos.
La represión del delito en Arabia Saudí y la estricta aplicación de la ley islámica tiene en la monarquía de los Saud el sello de su todopoderoso ministro del Interior, Nayef bin Abdulaziz. Hermanastro del Rey Abdulá, Nayif fue promovido el pasado mes de abril al cargo de segundo viceprimer ministro del país, un movimiento que según los analistas le ha situado como favorito a la sucesión del monarca enfermo.

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