Lunes, 03-08-09
Después de treinta años de ejercicio absoluto del poder, el balance de Teodoro Obiang al frente de Guinea Ecuatorial es francamente escaso. La sociedad ecuatoguineana sigue sufriendo las mismas carencias en materia de desarrollo social y humano que tras su independencia de España y después de tres décadas no han significado un impulso determinante para cambiar las cosas, ni siquiera pese al hallazgo de las riquezas petroleras. Como sucede por desgracia en la mayor parte de África, Guinea Ecuatorial no ha podido desembarazarse de las tendencias despóticas de sus dirigentes ni del peso apabullante de la corrupción que convierte cualquier proyecto de ayuda exterior al desarrollo en un ejercicio agotador. Así las cosas, Obiang volverá a ser reelegido en las próximas elecciones, que en el caso de Guinea Ecuatorial no son más que una formalidad folclórica, un mecanismo carente por completo de significado democrático. Sin oposición, sin control social, sin prensa libre, sin contrapesos institucionales, no puede haber democracia.
Los informes de violaciones de los derechos humanos o las denuncias sobre los escandalosos despilfarros de su hijo Teodoro en todo el mundo, lanzan una sombra muy grave sobre el régimen ecuatoguineano que no se puede superar simplemente negando la evidencia. La llegada del petróleo y de todas las riquezas no ha servido para mejorar las cosas en este sentido, sino todo lo contrario. Los defensores de Obiang pueden decir que a Guinea Ecuatorial se le debe comparar con sus vecinos africanos, que acumulan problemas en ocasiones peores. Ciertamente, si se compara con su vecina Nigeria, donde el petróleo y la corrupción ha convertido en un infierno un país que debería ser una potencia regional, la situación de Guinea Ecuatorial es relativamente mejor. Pero también se puede comparar con Ghana, país que visitó el presidente norteamericano Barack Obama precisamente para señalarlo como un ejemplo africano de desarrollo armónico, basado en la democracia y la educación para el progreso social.
Guinea Ecuatorial es un país hermoso, muy rico en recursos naturales, que tiene todas las condiciones para convertirse en un ejemplo de superación. El pasado no ha sido brillante, pero nada impide que el futuro pueda llegar a serlo. Los próximos treinta años deberían ser mucho mejores para los ecuatoguineanos y España debería contribuir a ello en la medida de sus posibilidades.