Domingo, 02-08-09
Rally a Mali reúne a doce viejos utilitarios, un coche fúnebre, tres ambulancias y una moto para cruzar el norte de África hasta una pequeña aldea. Los pilotos, sin experiencia en viajes de aventura, partieron ayer desde la plaza de Felipe II y esperan llegar en 14 días
POR LUIS CANO
FOTO ERNESTO AGUDO
MADRID. Un valiente apenas se atrevería a conducir hasta la playa un pequeño utilitario de veinte años. Un inconsciente no tendría valor de viajar ni cien kilómetros en una moto, tan vieja como él, después de no arrancar desde hace dos años. A estos dos trastos, sin embargo, les esperan 5.500 kilómetros hasta Mali (África), por caminos de polvo y arena, gobernados por pilotos que jamás han rodado fuera del asfalto.
El particular Rally a Mali partió ayer de la plaza de Felipe II sin prisa por llegar al destino. Los 17 participantes no compiten entre sí en las dos semanas de carrera. Todos parten en desventaja tecnológica con sus viejos vehículos. El objetivo no es ganar. La meta consiste en llevar el coche a Hombori, un poblado maliense, para regalarlo a la población lleno de medicamentos, ropa y material escolar.
En el Seat Marbella de Alberto Vilella, metalúrgico, y José Auferil, comerciante, «da pereza montarse», como reconocen sin rodeos. Su coche guarda un voluntarioso motor con cien mil kilómetros rodados en 21 años, metido en una carcasa sin ninguna comodidad ni garantía. Los aventureros primerizos son optimistas: «No tenemos ni idea de arreglarlo, pero creo que en África son todos mecánicos. No llevamos GPS ni sabemos usar la brújula, pero tenemos un mapa».
El panorama de Raúl Rivero, periodista, es todavía más desalentador. En lugar de un pequeño ventilador atornillado en la guantera, como Alberto y José, el viento le golpeará directamente. Su moto, una trial Honda NX 125 de cuatro tiempos, apenas alcanza 80 kilómetros por hora. «Estuvo dos años metida en un garaje y cuando la saqué no la podía arrancar. No he querido darle caña estos días porque se me va a romper seguro».
El viaje cruza Marruecos, Mauritania, Senegal y Mali. En la carrera, además de viejos turismos, también viajan tres ambulancias y un coche fúnebre. Estos cuatro vehículos, más útiles en el poblado africano, han sido donados por diferentes organismos. Sus conductores no son profesionales de la aventura, pero tienen ya algunas batallitas para contar. Fernando Herrero, ingeniero industrial, conduce una de las ambulancias. No lleva comida: «No hay problema para comprar alimentos, o si no, que nos maten una gallina, como me pasó a mí. El peligro está en las fronteras, con policía corrupta que es mejor sobornar. El resto de la gente es fantástica».
Rally a Mali celebra su primera edición, ideado por Rutas y Retos, una empresa madrileña. Los equipos participantes han pagado cerca de 6.000 euros por la experiencia y la donación con la que se pretende construir una escuela en Mali. Cuando entreguen el vehículo en el país africano, regresarán en avión. Julio Rico les despide nostálgico. Recuerda como si fuera ayer su rally el año pasado hasta Mongolia. Esta vez no puede viajar. Otra aventura se lo ha impedido. «Me he casado y mi mujer no me deja ir».
Raúl, el único motorista del rally, pide consejo a unas malienses antes de partir hacia su país, ayer en la plaza de Felipe II

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