Domingo, 02-08-09
Castilla y León necesita apostar por los establecimientos rurales de mayor calidad y reducir su número. Éste es el sentir mayoritario de los profesionales del turismo rural, que creen que el mercado está «sobredimensionado» y que para ponerle límites lo mejor sería impulsar aquellos establecimientos que cumplen con las expectativas del cliente y ofrecen los mejores servicios. Aunque «no se pueden poner puertas al campo», la Junta está de acuerdo en premiar la calidad, de lo cual -dicen- se encargará, en parte, la actual situación económica. Son algunas de las conclusiones de una nueva edición de los Desayunos de ABC celebrados hace unos días en el Hotel NH Balagó de Valladolid y en los que participaron, como expertos del sector, la directora general de Turismo, Rosa Urbón; el presidente de la Asociación Castellano y Leonesa de Turismo Rural (Acaltur), Francisco Javier Herrera, y el representante regional de los Centros de Iniciativas Turísticas (CIT), Francisco Gallego. Sobre la mesa, las consecuencias de la crisis en el turismo rural y por dónde debe «caminar» el futuro del sector.
¿Quién dijo crisis? Con los números encima de la mesa -durante el mes de junio creció la cifra de turistas y pernoctaciones en las casas rurales un 3,7 y un 2,4 por ciento, respectivamente- tanto la Junta como los profesionales hablan de una situación «moderadamente optimista». «Es verdad que no se están produciendo los incrementos de años anteriores, pero Castilla y León se mantiene en unos porcentajes por encima de la media nacional», manifiesta Rosa Urbón. De similar opinión son Francisco Gallego y Francisco Javier Herrera. Sin embargo, las preocupaciones de este último van más allá: «A nosotros lo que nos preocupa es el porcentaje de ocupación». Preve que no superará el 20 por ciento durante el verano y culpabiliza de ello al exceso de establecimientos. Lo que la crisis sí está provocando es un cambio de tendencia, dice Herrera. «La gente está alquilando muy tarde y no con dos o tres meses de antelación como antes» porque «espera ofertas de última hora». Por ello, cree que el sector debería ir pensando en seguir la línea de los hoteles y crear temporadas.
¿Es un mercado sobredimensionado? Francisco Javier Herrera y Francisco Gallego se muestran rotundos en la respuesta, «sí», aunque son conscientes de que «no se pueden poner puertas al campo». En enero había dadas de alta en Castilla y León un total de 3.052 casas y en julio de este mismo año ese número ascendía a 3.219, a pesar del momento económico. «Estamos en un mercado de libre competencia y, por lo tanto, no se puede decir que no a ninguna», justifica Rosa Urbón, quien ve «positivo» que la iniciativa empresarial siga apostando por Castilla y León como destino turístico. No obstante, prevé que la crisis servirá para «poner las cosas en su sitio al premiar a las casas rurales que están ofreciendo calidad». En este sentido, el presidente de Acaltur aprovechó para pedir a la directora general que la Junta «ponga todos los medios para que haya calidad». «Queremos que haya inspecciones, pero no como una labor policial, sino para servir de automejora», sostiene. «Que vengan a mi casa para decirme qué puedo mejorar o qué tengo que cumplir».
Cómo ser competitivo. La ampliación de la oferta de los puntos activos potenciando el turismo rural y la vinculación de este sector al fomento del conocimiento del patrimonio histórico y religioso -Rosa Urbón recuerda la apertura de 400 iglesias y monumentos que están fuera de los circuitos tradicionales en verano y Semana Santa- son dos de las bazas con las que juega el Gobierno regional para competir en el mercado. Sin embargo, cree que, ante todo, lo que hay que fomentar es la cultura del detalle: «Es ponerse en la piel del cliente y cumplir todas sus expectativas». «Es el trato cercano lo que diferencia al turismo rural», apunta Javier, «porque en él no hay números como en los hoteles, sino nombres».
En cualquier caso, ninguno de los tres cree que la competitividad se consiga concentrándose en determinadas zonas ni tampoco bajando los precios, «aunque evidentemente puede haber ofertas». ¿Sus principales armas? Saber dar al cliente lo que está buscando: «Hay cuatro cosas importantes que valoran los turistas: no pasar frío en la casa, que la comida sea buena y no demasiado cara y que las toallas y colchones sean buenos», argumenta Herrera. Rosa Urbón está de acuerdo. Por ello, considera que las ayudas de la Junta deben tender ahora a «incentivar» a aquel propietario que esté directamente implicado en la gestión de ese negocio «porque es un valor esencial para el turismo rural». «Las subvenciones tienen que ir dirigidas ahora a mejorar la calidad de los establecimientos», coincide el presidente de Acaltur, mientras que Francisco Gallego apunta el papel esencial de los Grupos de Acción Local tanto con las mejoras de las infraestructuras de turismo rural como con la generación de nuevos productos.
Más allá del agroturismo. Han pasado cerca de 20 años desde el comienzo del turismo rural en Castilla y León, y lo que antes se concebía en el marco de este sector ahora es bien distinto. En este sentido, los tres invitados coinciden en que «se ha desmitificado un poco» porque, por un lado, ya no está vinculado solamente «a actividades físicas como el montañismo» y, por otro, «la gente quiere más independencia». Por eso, la idea de que propietario y turista compartan establecimiento y otras actividades relacionadas con el medio rural -una práctica más característica en las casas rurales del norte de Burgos y País Vasco- es cada vez más difícil. «A veces nos empeñamos en querer hacer actividades que se hacen en otros sitios y es un error», justifica Francisco Javier Herrera. «Yo tengo una casa en la Ribera del Duero y cuando van allí es para beber buen vino, y a lo mejor no para montar a caballo». Una opinión con la que coincide Rosa Urbón, para quien «la oferta es tan amplia que tampoco necesitamos complicarnos ni inventarnos nada nuevo para atraer turistas». Además, apuntan que un sector que en un principio nació como una alternativa económica para los habitantes del medio rural, se ha convertido en una auténtica alternativa de negocio de la que también participan grandes empresas.
Al igual que su filosofía, también ha cambiado su concepto. «Quizá -apunta Francis Javier Herrera- porque la gente del campo no supo captar el mensaje y nos hemos dedicado a este tipo de establecimientos los nuevos rurales».
Para Rosa Urbón, en cambio, seguimos en un periodo de transición en el que, ante todo, hay que apostar por la profesionalización del sector, aunque esto no tiene que significar una pérdida de contacto directo entre el turista y el propietario de la casa. «Es un hecho diferencial que tenemos que mantener».
Perfil del turista: Otro de los rasgos que ha ido cambiando con el paso del tiempo es el perfil del turista. «Antes era gente de entre 30 y 40 años que le gustaba mucho el campo y ahora hay un perfil más joven y también más mayor». Es decir, se ha abierto el abanico, lo que se debe principalmente, según Rosa Urbón, a que «están cambiando las preferencias del turista». Además, la tendencia cada vez mayor de éste de «fraccionar» sus vacaciones es algo que beneficia a Castilla y León. «Nuestro modelo turístico es una ventaja porque se adapta a las preferencias de los turistas que hacen muchos viajes cortos». Una información que argumenta con números: el 24 por ciento del turismo que se hace en España es de Castilla y León, seguidos muy de lejos de Cataluña, con un 12 por ciento.
Nueva Ley de Turismo. Como consecuencia de la evolución del sector turístico, el Gobierno regional ha visto necesario modificar la ley que, entre otras cosas, recogerá una catalogación de los establecimientos rurales en función de su calidad y prestaciones. Una catalogación que esperan con ansia los profesionales del sector, asegura Francisco Javier, que cree que el principal perjudicado es el turista internacional «que se puede encontrar en Castilla y León cinco o seis tipologías distintas de establecimiento rural sin saber qué categoría tienen». Un hándicap al que se suman las diferencias de clasificaciones entre comunidades y que se debería intentar corregir, añade, «porque en España hay hasta 60 nombres diferentes de establecimientos rurales».
Pese a que todavía quedan cosas por mejorar en el sector, todos coinciden en que el turismo rural ha cambiado el panorama de gran parte del medio rural en la Comunidad. Ya sea por buscar la tranquilidad o unos valores que no se encuentran en las ciudades o la necesidad de encontrar unas raíces, muchos municipios no están hoy deshabitados.



