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Ha sido el mes que más vidas se ha cobrado en la coalición internacional en suelo afgano desde la caída de los talibanes, en octubre de 2001 _ La ofensiva contra la insurgencia en Helmand y las elecciones del 20 de agosto están pasando factura
Julio sangriento en Afganistán
El Pentágono cuestiona la eficacia del Ejército paquistaní en el valle de Swat
La situación empeora en Afganistán y la comunidad internacional mira al vecino Pakistán en busca de una cooperación militar que no acaba cuajar. El enviado especial de EE. UU. al frente «Af-Pak», Richard Holbrooke, puso en tela de juicio la última ofensiva del Ejército paquistaní en el valle de Swat, ya que «no sabemos exactamente hasta qué punto dispersó o destruyó al enemigo».
Cuando EE. UU. lanzó su ataque en Helmand esperaba el apoyo de Islamabad al otro lado de la frontera para cortar el repliegue de la insurgencia, pero pese a los «1.800 milicianos muertos», según fuentes oficiales, Pakistán sigue siendo el auténtico santuario talibán. «Sólo tenemos que esperar y ver», argumentó el diplomático en referencia al regreso de los cerca de dos millones de desplazados que permanecen fuera de los valles afectados por la operación militar paquistaní.
Rechazo a la guerra
49%
de los ciudadanos españoles reclaman la retirada de las tropas desplegadas en Afganistán.
52%
de los británicos se muestran partidarios de que sus soldados en el país centroasiático regresen al Reino Unido.
53%
de los estadounidenses no comparten la presencia de sus tropas en Afganistán.
62%
de los franceses se oponen a que sus soldados permanezcan desplegados allí.
56%
de los ciudadanos italianos desean la retirada de sus tropas del frente afgano.
Son 76 muertos en los últimos 31 días. La cifra más sangrienta que sufren las fuerzas internacionales desde la caída del régimen talibán, en 2001. Datos oficiales de la ISAF, la misión de la OTAN en Afganistán, elevan a 43 estadounidenses, 22 británicos, 7 canadienses, 2 turcos, 1 australiano y 1 italiano el número de soldados muertos en julio. La fuerte ofensiva en Helmand es la causa principal de este elevado número de bajas entre los militares.
Más de ocho mil marines, apoyados por las fuerzas británicas, se emplean a fondo en esta provincia del sur intentando acabar con la hegemonía talibán en lugares donde nunca antes había llegado un soldado OTAN, y este esfuerzo militar se está pagando muy caro.
La exactitud y el detalle de las bajas entre las fuerzas internacionales contrasta con la escasa información sobre víctimas civiles. Basándose en testimonios de testigos y de hospitales rurales, la misión de Naciones Unidas en Afganistán (Unama) eleva a 1.013 los civiles fallecidos a causa del conflicto en el primer semestre de 2009, el 59% por ciento de ellos a manos de la insurgencia, una cifra superior a los 818 registrados en 2008, y que casi dobla los 684 de hace dos años.
Si para la Alianza Atlántica julio ha sido el mes más sangriento, para la población local fue mayo, donde 81 personas perdieron la vida, 63 de ellas a causa de los bombardeos. El elevado y constante goteo de víctimas civiles es uno de los mayores lastres de una misión internacional que cada vez despierta más desconfianza entre la población afgana, cansada de promesas incumplidas.
Huyendo de los combates
Fuentes de Naciones Unidas alertan de que más de veinte mil familias han huido de los combates en el valle del río Helmand, y viven ahora mismo, sin ningún tipo de asistencia, desplazadas en provincias vecinas como Kandahar. Debido a la situación de inseguridad que vive todo el sur del país resulta imposible para los responsables del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) llegar a ellos para ofrecerles ayuda.
Siguiendo el ejemplo de la toma de Faluya en la guerra de Irak, los americanos lanzaron la «Operación Golpe de Espada» en Helmand a comienzos de junio y desplegaron a cuatro mil marines en pocas horas para intentar hacerse con el control de este lugar fronterizo con Pakistán. A diferencia de lo ocurrido en 2006 en un movimiento similar de los británicos en este mismo lugar -una provincia en la que se produce el 42% del opio del mundo-, esta vez los talibanes no han planteado batalla directa. Sin embargo, el goteo de víctimas no ha cesado en las semanas posteriores e incluso un soldado norteamericano permanece secuestrado desde el inicio de la ofensiva.
Apuesta por las armas
«Se ha producido una remodelación minimalista de los objetivos estratégicos, nada más. Lo único que ha variado es la gran propaganda a favor de una guerra a la que en estos momentos se opone cerca del 60% de la población norteamericana -señala un general europeo con larga experiencia en Afganistán-, por eso debemos estar atentos a la información que sale del país en estos momentos, porque se trata más de manipulación que de otra cosa. Obama sigue apostando por las armas, y sólo espera acabar cuanto antes».
Treinta mil soldados estadounidenses combaten en un país que ha recogido el relevo de Irak en el índice de prioridades internacionales de la Casa Blanca. Y el mando estadounidense pide más y más soldados para intentar asegurar el lugar. El aumento de la presencia militar se está acompañando poco a poco con un fortalecimiento de la misión civil, pero la desproporción es evidente.
Elecciones presidenciales
Los cambios de Barack Obama en las cúpulas diplomática y militar americanas en Kabul no han traído grandes avances sobre el terreno. A las puertas de las elecciones presidenciales, los expertos consideran que estos comicios sólo están sirviendo para ralentizar la implementación de proyectos propuestos por la nueva administración estadounidense. Hamid Karzai se perfila como el gran favorito para la reelección y sólo Abdallah Abdallah, ex ministro de Exteriores, parece amenazar su supremacía. El resto de candidatos apenas cuenta con posibilidades reales.
Con la burocracia afgana a la espera de los resultados del próximo 20 de agosto, los americanos ya han aprobado e iniciado el reclutamiento de los primeros 55 expertos que viajarán a Kabul con la misión de asesorar a las instituciones locales en temas de desarrollo. Bautizado como «Plan de Asistencia Técnica Civil» y liderado por el Ministerio de Finanzas afgano, este grupo de civiles es una de las piedras angulares de la nueva estrategia de Obama, que pretende además doblar la presencia no militar en los Equipos de Reconstrucción Provincial (PRT, por sus siglas en inglés) a través de los funcionarios del Departamento de Estado y de los técnicos de Usaid.
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