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Mallorca quedó incomunicada durante dos horas
Todas las comunicaciones con la isla de Mallorca quedaron ayer interrumpidas durante dos horas, después de que las Fuerzas de Seguridad recomendaran el cierre del aeropuerto y los puertos, dentro del dispositivo denominado «operación jaula».
El aeropuerto de Son Sant Joan permaneció cerrado al tráfico aéreo durante dos horas, entre las cuatro y diez y las seis menos diez de la tarde. Como consecuencia de este cierre, algunos vuelos sufrieron retrasos y otros fueron cancelados. En el caso de los puertos, el cierre también provocó retrasos y cancelaciones.
El atentado que costó la vida ayer a dos jóvenes guardias civiles en Mallorca forma parte, según fuentes de la lucha antiterrorista, de una campaña de terror para forzar al Gobierno a abrir un nuevo proceso de negociación. Al mismo tiempo, la banda quiere hacer una demostración de fuerza con la que compensar, pese a la ofensiva lanzada, la actual debilidad de sus estructuras, la mayor en sus 50 años -los cumple hoy- de existencia. Horas después de la potente explosión, la Guardia Civil descubrió otra bomba en los bajos de un Nissan Terrano de la Benemérita que estaba estacionado frente al cuartel de Palmanova y próximo al lugar del atentado -unas oficinas dependientes del mismo cuartel que habían sido cedidas por el Ayuntamiento-. En esta ocasión, los agentes pudieron hacer una explosión controlada.
Cuando aún no se han terminado de recoger las toneladas de escombro que originó el bombazo que prácticamente destruyó la Comandancia de Burgos, ETA «sorprendía» con un atentado en Mallorca llevándose por delante la vida de Carlos Sáenz de Tejada García (nacido en Burgos en 1980 y destinado en Palmanova desde julio del año pasado) y de Diego Salva de Lezaun (nacido en Pamplona en 1982 y destinado en Palmanova desde el pasado enero como agente en prácticas). El atentado sorprendió porque Baleares era hasta ayer una de las cinco comunidades en las que ETA no había cometido ningún asesinato, a pesar de que lo habían intentado en varias ocasiones. Una de ellas contra el Rey en 1995.
La explosión se produjo cuando faltaban diez minutos para las dos de la tarde cerca del cuartel de la Guardia Civil en Palmanova (Calviá). Los agentes iban de paisano y estaban haciendo trabajos de mantenimiento. Por el estado en que quedó el cuerpo de uno de los guardias se cree que llegó a sentarse en el interior del todoterreno. Tan potente fue la explosión que sus restos, según un testigo, salieron despedidos y cayeron sobre un árbol. El segundo quedó tendido en el suelo y sus compañeros intentaron reanimarle sin éxito.
La bomba lapa fue activada, en opinión del delegado del Gobierno en Baleares, Ramón Socías, con un mando a distancia. Se cree que este podría ser el procedimiento porque antes de que el vehículo fuera ocupado por los dos jóvenes agentes, lo hizo un brigada. Por ello, el delegado del Gobierno afirmó que la bomba lapa no fue activada con un «dispositivo de movimiento», práctica habitual de ETA, ya que si hubiera sido así el artefacto hubiera explosionado cuando el vehículo fue usado por el brigada.
No obstante, fuentes de la Guardia Civil precisaron a ABC que las investigaciones no permiten aún afirmar nada con rotundidad sobre el mecanismo de iniciación de la bomba. Incluso no se descarta que el artefacto estuviera, en lugar de adosado en los bajos del coche, en el interior de una mochila y que fuera activado a distancia, lo que hubiera obligado a los etarras a estar en el lugar de los hechos para controlar los movimientos de sus víctimas. También se apunta que la bomba estuviera programada con un temporizador. Un testigo aseguró que había visto a varios individuos huir en un coche a toda velocidad tras las explosión.
Otra hipótesis que manejan los especialistas es que el plan de los terroristas fuera explosionar los dos artefactos al mismo tiempo para provocar el mayor caos posible.
Socías afirmó que los especialistas no descartan que los autores del atentado tengan un piso «franco» en Mallorca, en el que podrían permanecer hasta que se «enfríe» el dispositivo desplegado bajo el nombre de «operación jaula». Además de la detención de los terroristas, una de las líneas de investigación es averiguar el procedimiento utilizado por los etarras para introducir las dos bombas en la isla de Mallorca. Una de las posibilidades que se plantea es que lo hicieran en barco, aprovechando que las medidas de control de equipaje en este medio de transporte son laxas, aunque estos buques suelen contar con dotaciones policiales de vigilancia de pasajeros.
Tras el atentado, las Fuerzas de Seguridad pusieron en marcha un amplio dispositivo de seguridad que alcanzó hasta el aeropuerto. Durante horas, estuvo cerrado y sólo se autorizó el aterrizaje de los aviones que estaban en vuelo. Fruto de este despliegue fue localizada la segunda bomba-lapa. Estaba en los bajos de un Nissan Terrano, ya en desuso, y que llevaba estacionado hace más de un mes frente al cuartel de Palmanova. Los desactivadores tomaron extremas medidas de seguridad porque el vehículo estaba estacionado muy próximo a un depósito de combustible que se había cargado hace dos días. Por ello, los agentes procedieron al desalojo de un hotel próximo así como de otros edificios y comercios.
El atentado contra los dos guardias civiles es el tercero de la nueva campaña ordenada por los cabecillas etarras y que comenzó con el asesinato del inspector Eduardo Puelles, al que siguió el bombazo contra la casa cuartel de la Benemérita en Burgos. En medios antiterroristas se cree que el «comando» que cometió este último atentado actuó en «sintonía», aunque independientemente, del que acabó con la vida de Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salva Lezaun, quienes apenas llevaban un año en el Cuerpo.
Los expertos antiterroristas se ponen en el peor de los escenarios y pronostican una ofensiva larga y dolorosa.
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