
Actualizado Jueves, 30-07-09 a las 09:44
Berlusconi le dijo que se divirtiera sola (se lo dijo sin procacidades, muy fino). Y ella se va de gira. Por las discotecas. Como Paquirrín. Como los ex concursantes de «Gran Hermano». En España, Patrizia D'Addario ya se habría hecho un «Interviú» y varios platós. Y supongo que los hará. Si se han traído a Tito Jackson (una especie de Laly Bazán, como dice Arantza Furundarena), qué menos que traerse a la pilingui más en boga. De momento, el viernes va a la vieja sala parisina Globo, en lo que será «su primera aparición pública desde el affaire», según los organizadores. Y lo que han organizado los listos es un festejo llamado «I love Silvio». Porque Silvio es una fiesta.
Globo organiza saraos relacionados con la actualidad. Temáticos. Un poco entre Ibiza flower power y el espíritu de las fallas o los carnavales de Cádiz (se van a distribuir máscaras de Silvio Berlusconi para los asistentes). El local estará decorado con los colores de Italia y los empleados llevarán camisetas del Milán. Y para esta fiesta a la italiana se ha invitado a Patrizia D'Addario. ¿Qué hará allí? Es una incógnita. No sabemos si habrá burlesque, fósiles de ballenas, lagos de los cisnes y tumbas fenicias (ella saliendo de una tumba fenicia en lugar de hacerlo de una copa de champán, como haría Dita Von Teese). O quizás se trata de un simple bolo de presencia en la fiesta berlusconiana. Lo que sí se ha anunciado es que la moza extiende la gira por España. Con lo que nos gusta a nosotros una puta.
El atractivo de una puta cara es innegable. Además, que salten a los periódicos con nombres y apellidos reales (fuera de las páginas de contactos) tiene el mismo encanto que descubrir los trucos de un mago. El mismo encanto que conocer la identidad del superhéroe (aunque en el caso de las prostitutas sólo las conocieran sus clientes). Prostitución de alto nivel y discreción van de la mano. Por eso cuando la puta de Berlusconi o la puta del gobernador de Nueva York desvelan sus identidades (Patrizia y Kristen)la gente se interesa. Claro que hay grados. Sí, vale, Patrizia no es Christine Keeler, la del caso Profumo, que ha llegado a tener su famosa foto colgada en la National Portrait Gallery de Londres (la foto que Lewis Morley le hizo desnuda pero tapada con una imitación de silla 3107 de Jacobsen).
La chica tiene que salir para que tengamos más fotos. No tienen por qué ser para la National Portrait Gallery. Y en el futuro, si tiene madera, que escriba un libro. Aunque para eso es joven (pero bastante mayor para que Silvio se apunte un tanto). La legendaria Nell Kimball publicó «Memorias de una madame americana» en 1970. Y dejó la profesión en 1917, cuando se desmanteló Storville, la primera zona roja de Estados Unidos, ubicada en Nueva Orleans. En el libro, casi un estudio antropológico, cuenta desde su infancia en la América profunda hasta su conversión en la empresaria (madame) más reconocida de Nueva Orleans. A mí lo que más me gusta es eso que sostenía de que todas las muchachas estaban sentadas sobre su propia fortuna y no lo sabían.
Supongo que la querencia general por la meretrices explica que algunas de las más queridas heroínas del cine lo sean (con una buena dosis de edulcorante artificial). Ahí están la Holly Gholightly de «Desayuno con diamantes», la Belle Watling de «Lo que el viento se llevó» (salvo Santa Melania y todo el servicio, es el personaje más positivo de la película). Y, cómo no, la Vivian Ward de «Pretty woman», película con categoría de inmarcesible que siempre arrasa en la tele.
Luego están las de realidad y la ficción. La realidad de Alphonsine Plessis y la ficción de sus reflejos en la novela de Alejandro Dumas (Marguerite Gautier) o en la ópera de Verdi. ¿Pero quién no llora con la Violeta Valéry de «La traviata»? Bueno, Julia Roberts como Vivian Ward va más lejos en su clásica respuesta cuando la señora de al lado en el palco le pregunta si le ha gustado: «Casi me meo en la bragas».
Richard Burton decía que las prostitutas eran para el placer, las concubinas para el mantenimiento, las esposas para la cría y la sandía para el éxtasis. I love Richard. Pero cualquiera invita una sandía a la discoteca.


