
Jueves, 30-07-09
Aunque presente durante toda la celebración, la barbarie terrorista perpetrada ayer en Burgos no consiguió «aguar» la fiesta de Deimos Imaging en la sala de congresos del Parque Tecnológico de Boecillo, lugar elegido para el lanzamiento de Deimos 1, el primer satélite privado español puesto en órbita y que se controlará desde la estación de seguimiento que la empresa ideóloga del proyecto tiene en Valladolid.
Con este lanzamiento culmina el sueño que un pequeño grupo de empresarios, liderado por el astronauta Pedro Duque, comenzó a tener hace tres años, decididos a explotar un nicho de mercado en la industria espacial, el de la observación de la Tierra con un fin concreto: mejorar el conocimiento de los fenómenos naturales con el objetivo de rentabilizar el campo, al tiempo que se preserva el medio ambiente. Así lo destacaron el consejero delegado de Elecnor, Gabriel Oráa y el presidente de Deimos Imaging, Javier Martínez de Irujo, quienes coincidieron en destacar la apuesta de ambas empresas desde sus orígenes «por la innovación y por el futuro», al tiempo que agradecían la presencia del vicepresidente segundo y consejero de Economía de la Junta, Tomás Villanueva, sin el que «la realidad de Deimos» no se hubiera hecho posible.
Una pantalla negra iluminada únicamente por las llamas del cohete ruso en el que viajaba Deimos 1 sirvió al astronauta madrileño para dar paso a su lanzamiento, exactamente. a las 20 horas 46 minutos (hora española), sin la conocida cuenta atrás -«es que los rusos son más sobrios en este tipo de actos», justificó Pedro Duque-. Al otro lado del hilo telefónico le acompañaba Abel Callo, profesor de la Universidad de Valladolid, que se encontraba a 60 kilómetros del cosmódromo de Baikonur, en Kazjistán, lugar del lanzamiento, donde la obscuridad de la noche era ya plena.
Con el sonido del cohete de fondo, las más de 300 personas reunidas en Boecillo siguieron atentamente las explicaciones de ambos expertos y de Miguel Bello, director general del grupo Deimos, conforme el cohete iba pasando en el espacio por sus diferentes «etapas» hasta alcanzar la órbita deseada, momentos que el propio Pedro Duque, que ejercía de traductor de las conversaciones que mantenían los rusos en Baikonur, calificó como «críticos» porque era cuando el cohete se desprendía de sus distintas partes. Sólo diez minutos después los asistentes pudieron contemplar satisfechos como el «misil» ruso se «deshacía» en el espacio del astro artificial, junto a otros seis satélites más. Un hecho que momentos antes Villanueva calificaba de «muy importante» ya que supone el éxito de la cooperación internacional y de un proyecto de I+D+i realizado en la Comunidad.


