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El nuevo primer ministro búlgaro declara la guerra a la corrupción
Borisov, durante su aprobación parlamentaria / AFP
Publicado Lunes, 27-07-09 a las 20:45
Éste será “el gobierno del desarrollo europeo de Bulgaria” afirmaba ayer el nuevo primer ministro y líder del centroderechista partido GERB, Boiko Borisov, poco después de haber sido elegido con los votos a favor de 162 diputados, poco más de dos terceras partes del legislativo. Borisov, que juró el cargo en presencia del Patriarca Maxim, en declaración programática en el Parlamento marcó las prioridades de su equipo, entre ellas estabilidad financiera y desarrollo económico, pero muy en especial, guerra sin cuartel a la corrupción en las altas esferas del poder y lucha contra el crimen organizado, exigencias reiteradas de la Comisión Europea a este país balcánico, miembro de la UE desde enero de 2007.
Así, Borisov intentará mejorar la imagen que ha estado ofreciendo Bulgaria de ser uno de los países más corruptos de Europa y el más pobre y con menos calidad de vida en la UE.
Al nuevo primer ministro, que ganó con gran mayoría las generales a comienzos de julio, no le alcanzaron cinco escaños para la mayoría absoluta. Su gobierno monocolor –casi todos figuras nuevas y una media de 45 años de edad–, ha sido apoyado, sin embargo, por otros tres grupos parlamentarios, lo que le permite, al menos por ahora, promover una política propia. Algunos analistas, consideran, empero, que esta mayoría es bastante coyuntural y el nuevo gabinete podría ser rehén de alguno de los partidos que ahora lo apoyan.
El gobierno saliente del socialista Serguey Stanishev –que perdió en las elecciones bastante más de la mitad de los escaños que antes tenía en el legislativo –ha dejado graves problemas en casi todas las esferas, una herencia nada envidiable. A pesar de que hasta el último momento él y sus ministros declaraban “grandes éxitos” en la gestión, Ivan Kostov, otro líder de centroderecha y exprimer ministro, al frente de uno de los partidos que lo apoyaron, exhortó al nuevo primer ministro que “ya es hora de cerrar la fábrica de ilusiones que sólo produce frustraciones” y no ha hecho más que pauperizar cada vez más a la población.
Así, según los comentarios más recientes, se marca una bien definida línea divisoria entre el anterior ejecutivo y este gobierno que se proclama reformista.
Borisov, que para muchos es el mesías que salvará el país, y sabe la enorme responsabilidad que afronta, ha tenido la honestidad de manifestar ayer que no se deben esperar milagros y que “nos toca vivir momentos muy difíciles”.
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