Imagen de los arrestos este jueves en Newark / AP
En la tierra de los Soprano
. Dentro de la egregia tradición de criminalidad muy bien organizada que acarrea Nueva Jersey, incluidos los sórdidos estándares reflejados en la serie televisiva de "Los Soprano", la trama desarticulada por el FBI no ha dejado de sorprender por su descaro, tamaño y detalles. No importa que durante la última década, más de 130 cargos públicos del Estado despectivamente conocido como "Sucia Jersey" hayan sido procesados por corrupción.
Según ha recalcado Ralph Marra, fiscal federal en funciones, para los acusados en este masivo sumario "la corrupción era una forma de vida". Hasta el punto de "parecer existir en una a zona libre de ética".
A la hora de buscar explicaciones a la rampante delincuencia pública de Nueva Jersey, se recurre incluso a la geografía. Ya que al tratarse del Estado más densamente poblado de la Unión, con 566 municipalidades, existe una sobre-abundancia de autoridades locales susceptibles de ser tentadas.
Tampoco faltan teorías históricas. Según ha explicado Joseph Marbach, decano de la Universidad Seton Hall, la inmigración que se asentó en la zona de Nueva Jersey empezó a utilizar la cosa pública "como una carrera, no necesariamente por una vocación de servicio, y aquellos que no podían ser médicos o abogados se hacían políticos".
En opinión de la profesora Brigid Harrison, de la Universidad de Montclair, los escándalos actuales tienen su origen en intactas maquinarias políticas, con sus trastiendas de patronazgo, enchufes, alianzas y favores. Según Harrison, otro problema es que el fiscal general estatal es un cargo de confianza, en lugar de un cargo electo. Lo que en la práctica supone depender de los esfuerzos anti-corrupción del gobierno federal.
Junto a todas estas elaboradas explicaciones, la documentación aportada por el FBI en su última ofensiva-anticorrupción no deja tampoco de leerse como una novela de crimen o como un guión de Hollywood. Entre el afán de comerciar con órganos humanos o bolsos falsos de Gucci o Prada, el sumario refleja furtivas negociaciones en restaurantes de carretera, cuartos de caldera y aparcamientos.
Con detalles fascinantes como los 97.000 dólares en metálico que fueron entregados para su "lavado" dentro de una caja de los típicos cereales del desayuno. O la inolvidable frase del testigo protegido que durante uno de sus trapicheos insiste en que ni es republicano ni demócrata sino del "partido verde", verde como el color del dinero
Actualizado Viernes, 24-07-09 a las 21:32
El FBI ha necesitado un autobús para acarrear a los 44 detenidos de su ofensiva contra una masiva trama de corrupción político-religiosa con epicentro en Nueva Jersey. Entre los detenidos se encuentran tres alcaldes, toda clase de cargos estatales (tanto republicanos como demócratas) y cinco rabinos. Con acusaciones que abarcan desde el lavado de capitales hasta la reventa de órganos humanos.
La operación en la que han participado doscientos agentes federales, respaldados por inspectores de la temible Hacienda americana, ha culminado dos años de intensas pesquisas en las que ha tenido un papel decisivo un fracasado empresario inmobiliario, miembro de la insular comunidad de judíos sirios. Personaje arrestado en el 2006 por un fraude contra el banco PNC por valor de 25 millones de dólares.
Identificado como Solomon Dwek, y a cambio de una sentencia mínima, este sujeto se habría prestado a llevar un sistema de grabación mientras se dedicó a repartir golosas coimas -por valor de casi un millón de dólares para uso personal o financiación política- entre toda clase de cargos públicos de Nueva Jersey. Incluidos los alcaldes de las localidades de Hoboken, Ridgefield y Secaucus, además de la teniente de alcalde de Jersey City.
En las grabaciones logradas se puede escuchar al joven alcalde de Hoboken, Peter Cammarano, diciendo a su interesado benefactor: "Puedes depositar tu fe en mí y te prometo que vas a ser tratado como un amigo. Y aquellos que se opongan, los vamos a convertir en polvo". El responsable municipal de Hoboken, que había tomado posesión hace sólo tres semanas, está acusado de recibir un soborno de 25.000 dólares a cambio de agilizar permisos de obras.
Junto a esta faceta de corrupción enladrillada, la llamativa trama también incluye una operación de lavado de capitales con conexiones en Suiza e Israel, donde estarían implicados los cinco rabinos y otra decena de procesados. Según, el sumario, a cambio de comisiones del 10 %, los clérigos judíos utilizaron diversas entidades sin ánimo de lucro vinculadas a sus respectivas sinagogas para lavar tres millones de dólares suministrados por el testigo de excepción a través de una falsa empresa creada por el FBI.
Para rematar, la trama incluye un negocio tan ilegal como rentable de tráfico de órganos humanos. El testigo protegido habría solicitado a un intermediario, un rabino de Brooklyn identificado como Levy Izhak Rosenbaum, que le consiguiera un riñón para el muy enfermo tío de su secretaria (en realidad una agente infiltrada del FBI). Mediación por la cual Rosenbaum pagaba a donantes en Israel 10.000 dólares y cobraba 160.000 dólares en Estados Unidos. Según las grabaciones del FBI, el "broker" de trasplantes explicó que llevaba diez años dedicado a ese negocio: "Yo soy lo que se podría llamar un celestino



