Seis meses después de su toma de posesión, la popularidad del presidente de EE.UU. baja al 59%

Barack Obama, durante su discurso ayer en el Centro Médico Infantil Nacional de Washington | REUTERS
EE. UU. construirá dos plantas nucleares en la India
La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en su primer viaje oficial a la India, informó ayer sobre la construcción de dos plantas nucleares en este país por parte de varias compañías estadounidenses.
Estados Unidos y la India anunciaron también un acuerdo de defensa para permitir la venta de armas sofisticadas estadounidenses al país asiático, mientras que éste moderniza su aparato militar.
La India asegura que gastará más de 30.000 millones de dólares en los próximos cinco años para modernizar su arsenal, que en su mayoría data de la era soviética. Un tercio será destinado a un contrato para la compra de 126 aviones militares. Esto podría dar un fuerte impulso a compañías estadounidenses como Lockheed Martin y Boeing.
El mito Obama y la realidad de un sistema político tan complejo como el de EE.UU. se han encontrado finalmente en la explosiva reforma de un sistema sanitario que ni la primera economía del mundo puede permitirse. Pese a que los índices de aceptación hacia el ocupante de la Casa Blanca se mantienen aún a niveles bastante altos, se registran ya las primeras grietas en el respaldo popular a la agenda doméstica de la Administración Obama.
Por primera vez desde su llegada al poder en enero, la última encuesta del «Washington Post» y de la cadena ABC plantea datos preocupantes para el presidente Obama. El peor de ellos es una reducción a menos del 50% del índice de aprobación a la gestión de la Casa Blanca sobre la cuestión sanitaria, considerada por el nuevo Gobierno como prioridad fundamental.
En el plazo de un mes, el desgate de Obama en esta cuestión central ha pasado de un índice de aprobación del 57% al 48%. Se registra además un pronunciado rechazo frontal a la gestión del Ejecutivo sobre la reforma sanitaria, que sube del 29 al 44%. Esta erosión se acumula sobre todo en el segmento de los votantes independientes. Con un resentimiento que empieza a extenderse gradualmente también hacia la gestión de la economía, del déficit público y del desempleo (las previsiones apuntan a un aumento del paro en 2010 hasta el 10,5%).
La citada encuesta ofrece un limitado consuelo político para la Casa Blanca: los ciudadanos confían aún menos en la alternativa del Partido Republicano. Lo cual no importa mucho porque en estos momentos no son los conservadores quienes intentando materializar la mayor y más cara reforma sanitaria en la historia de Estados Unidos.
La Casa Blanca esperaba conseguir avances sustanciales en la tramitación de esta reforma antes del receso parlamentario del verano, previsto para agosto. Pero la semana pasada, la inercia de este proceso se ha visto detenida por los cálculos de la Oficina Presupuestaria del Congreso (más conocida por sus siglas en inglés, CBO). Según las más recientes estimaciones de esta respetada institución bipartidista en materia de gasto público, las propuestas barajadas para el Congreso no van a servir para contener el desbocado gasto sanitario, uno de los principales objetivos. Presentan un claro riesgo de empeorar la situación.
Para los republicanos, este tipo de pronunciamientos y el desgaste de Obama sirven como recordatorio de la fallida reforma sanitaria acometida por la Administración Clinton. Esfuerzo encabezado por la entonces primera dama, Hillary Clinton, y que en parte sirvió como impulso para que en apenas dos años los conservadores recuperasen el control del Congreso.
El presidente del Partido Republicano, Michael Steele, no dudaba ayer en etiquetar los renovados esfuerzos reformistas de Obama como «socialismo», y como un peligro experimento con toda clase de efectos secundarios nocivos.
La Administración Obama no se ha cruzado de brazos y ha empezado a marcar el tono de los debates en el Congreso con sus propias alternativas. Además de orquestar una mayor inversión del capital político del presidente. De manera inopinada, la agenda de Obama incluyó ayer una visita al principal hospital infantil de Washington, y la convocatoria para mañana de una rueda de Prensa a hora de máxima audiencia. Además de una ofensiva de persuasión más allá de los medios de comunicación tradicionales.



