Batalla naval del agua en Vallecas / DE SAN BERNARDO
Lunes, 20-07-09
«¡Agua, agua!». «¡Eh, el de la manguera, aquí!». «¡Venga, valiente, atrévete!». Cualquier provocación era poca para recibir un chorro de H2O. Definitivamente se lo estaban buscando. ¡Chof! ¡Flush! La tradicional batalla naval en Vallecas reunió ayer a 10.000 personas y 40.000 litros de agua, según datos de la organización.
Un ejército de agua pertrechado con armas de inundación masiva: pistolas acuáticas de última tecnología capaces de alcanzar diez metros de distancia, globos de agua como granadas, cubos de todos los tamaños y colores, y bañadores y chanclas como único uniforme.
Auténticos kamikazes del agua dispuestos a tomar la primera línea de combate. Todos eran el objetivo para mojar. El ojo por ojo, agua por agua, es la única ley de la batalla naval. La presa más deseada: los secos.
El paseo militar partió a las cinco de la tarde y callejeó media hora hasta el campo de batalla, frente al estadio de fútbol del Rayo Vallecano, donde les esperaban cinco camiones cisterna con tanques de 8.000 litros de agua. En el camino reclamaron y recibieron cubos de agua y manguerazos desde las ventanas. Con 36 grados de temperatura, la ropa empapada no tardaba en secarse. Querían más; pero, como en todo conflicto bélico, la posguerra puede ser aún más cruel. Cuando el aluvión terminó a las 18.30, comenzó la batalla con el agua de los charcos. Era el momento de la retirada.
La batalla naval forma parte de los festejos organizados por las asociaciones de vecinos. Olga Martínez, presidenta de la «Cofradía Marinera de Vallecas», refuta las críticas del derroche de agua. «Son 40.000 litros para el disfrute de 10.000 personas. Una piscina de 12 metros de largo por ocho metros de ancho necesita 140.000 litros».
La organización calculó en 2008 una asistencia de 6.000 personas. El Ayuntamiento dio entonces 90.000 litros de agua. El lema este año, «Mójate por la Karmela», es una defensa de la fiesta alternativa a la de la Junta, también estos días; y una crítica a la gestión de los festejos de la concejala del distrito, Eva Durán (PP).
Los participantes, en cualquier caso, eran ajenos a las reivindicaciones. Los asistentes se mojaron, claro, pero sólo para pasarlo bien. La idea quedó en papel mojado. Marcos Morán, de 56 años, es un vallecano de siempre. Lamenta el rumbo «cada vez menos comprometido» que está adoptando el distrito.
«La batalla naval nació como una reivindicación contra el ingreso de España en la OTAN», explica Morán. «Como tantas otras celebraciones ha perdido el sentido por el que surgió para convertirse en una simple diversión. No es malo, pero es una pena. De todas formas, junto al Rayo Vallecano, la batalla naval es una de las pocas cosas que todavía nos sacan a la calle unidos en Vallecas».



