Hace casi un cuarto de siglo nació la leyenda de El Brujo, apodo de un actor cordobés (nació en Lucena en 1950) que después de tres lustros de profesión logró el éxito gracias a su interpretación en la obra «La taberna fantástica», de Alfonso Sastre. La función se convirtió en un auténtico fenómeno cuando pasó al teatro Pavón en buena parte por el trabajo de aquel actor, Rafael Álvarez. Paco Rabal -lo recordaba hace unos meses su viuda, Asunción Balaguer- quedó tan impresionado por la interpretación de El Brujo que insistió en que se le contratara para la serie televisiva «Juncal». lo que finalmente consiguió.
Veinticinco años después, podría decirse que Rafael Álvarez El Brujo es un género teatral en sí mismo. Hace ya mucho tiempo que decidió emprender una vía totalmente singular, con espectáculos unipersonales que han creado un público fiel: «La sombra del Tenorio», «El lazarillo de Tormes», «El contrabajo», «San Francisco, juglar de Dios», «Una noche con el brujo», «El ingenioso caballero de la palabra» y «De pícaros y de místicos».
En Mérida ha estrenado El Brujo (la obra estará en cartel hasta el domingo) su nuevo trabajo, titulado «El evangelio de San Juan». El propio artista dice que cierra una trilogía que abrió con «San Francisco, juglar de Dios», y siguió con «Los misterios del Quijote». «Los tres espectáculos -dice el actor- se basan en antiguas técnicas de transmisión y narración oral. El humor es una nota dominante en ellos. Versan sobre temas que han dejado una fuerte huella sobre la memoria y la imaginación colectiva. Se nutren por igual de la «tradición de la palabra», por decirlo así; insisten de forma especial en la fuerza viva de la palabra hablada frente a la tradición de la palabra escrita y su ascendente en el teatro. Asimismo, la confrontación (y a veces la interconexión o incluso la síntesis) de estas dos tradiciones y el reflejo de sus contenidos en la imaginación popular, (en la forma de cuentos, leyendas y otros temas objeto del arte de los antiguos juglares) es también un factor común a ellos».
Asegura El Brujo que «El evangelio de San Juan» «hunde sus raíces en las más antiguas tradiciones orales del Mediterráneo», y también «en el ámbito de la juglaría, con humor, vitalidad y ritmo propios de una comedia, aunque con mucha carga poética».
Ha elegido el artista este evangelio -«que nunca se ha llevado a escena»- porque «no cuenta la vida de un ilustre, sino que evoca la vida del permanentemente viviente, del que está aquí y ahora, de manera real, que se puede palpar a través del símbolo y cuya presencia es Jesús, es decir, el Hombre».


