
REUTERS Los cuerpos de doce soldados fueron hallados ayer, con signos de tortura, junto a una autopista del Estado de Michoacán
Quince cadáveres -entre ellos, el de una mujer- con signos de haber sido torturados antes de recibir un tiro de gracia fueron abandonados sobre la autopista Siglo XXI, que une las localidades de Lázaro Cárdenas y Morelia, en el Estado mexicano de Michoacán. Junto a ellos, un aviso: «Vengan por otro, los estamos esperando». Al menos una docena de los cuerpos corresponden a elementos del Ejército, informó la Procuraduría de Justicia regional.
Sólo unas horas después, y en esa misma carretera, un comando emboscaba a un convoy de la Policía Federal, matando a dos agentes y dejando heridos a otros cuatro. También ayer era tiroteado un cuartel de los federales en Maravatío, y tres personas fueron ejecutadas en Nuevo Urecho. Esta región del Pacífico vive desde el sábado una oleada de ataques contra fuerzas del orden y sus instalaciones. Los atentados se desataron por todo el territorio michoacano, extendiéndose a los vecinos Guerrero y Guanajuato, tras la captura de Arnaldo Rueda «la Minsa», «número dos» del cártel «La Familia». Aunque el objetivo primero de estos asaltos habría sido la liberación del delincuente y la venganza por su detención, algunas fuentes señalan que el fin es la eliminación física del «capo» dado su conocimiento de la estructura de la organización criminal.
Además de traficar con drogas sintéticas, «La Familia» es un poder paralelo al del Estado: recauda «impuestos», secuestra, extorsiona, brinda «protección»... El clan está encabezado por Nazario Moreno «el Chayo», que predica los valores tradicionales y recita la Biblia, y Servando Gómez «la Tuta», un antiguo maestro. El grupo se dio a conocer en septiembre de 2006, con un manifiesto publicado en diarios locales y la decapitación de seis personas en Uruapan.


