
AP El presidente saliente, Hans-Gert Pöttering, congratula al polaco Jerzy Buzek ayer en Estrasburgo
El Parlamento Europeo eligió ayer al polaco Jerzy Buzek como nuevo presidente de la Cámara para los próximos dos años y medio. En cierto sentido se trató de un día histórico, por ser el primer ciudadano de una de las antiguas dictaduras comunistas que llega a esta responsabilidad continental, y el mismo Buzek reconoció que cuando aún vivía bajo la opresión «ni en mis mejores sueños se me ocurrió que un día esto sucedería».
Su primer discurso nada más ser elegido fue un emocionante elogio de la figura de Juan Pablo II (aunque él es uno de los pocos polacos de confesión protestante), y de la preminencia de los valores democráticos. Consideró su nombramiento como «un homenaje a los que no se plegaron al sistema totalitario».
555 votos de 713
Buzek será además el presidente elegido con un mayor margen, una mayoría aplastante de 555 votos de 713 diputados presentes. No solo le apoyaron sus correligionarios del Partido Popular y los socialistas con los que se ha pactado el reparto de los cinco años de legislatura, sino también los liberales, los conservadores británicos y al menos una parte de los verdes.
La izquierda unitaria invirtió sus escasos votos en su candidata Eva Britt Svenson, mientras que el resto, los euroescépticos y la extrema derecha se divirtieron depositando votos nulos. El portavoz popular, Joseph Daul, habló de que «la división entre Europa Occidental y Oriental ha terminado» y el de los socialistas, Martin Schulz, se acordó ahora de que desde la UE «hemos barrido las dictaduras». El ex primer ministro belga, Guy Verhofstadt, se estrenó como portavoz liberal con un discurso en inglés.
Pero tal vez tan histórico como la elección de Buzek -que al fin y al cabo se considera un gesto previsible promovido desde Alemania- ha sido el ambiente casi de rebelión que reinó ayer entre los diputados. Schulz tiene problemas para imponer el pacto «técnico» que ha firmado con los populares, y no puede calmar a los diputados más movidos, que se resisten a apoyar la votación necesaria para confirmar la renovación del mandato del presidente de la Comisión, José Manuel Barroso. Aún ayer acusaba al portugués de «comportamiento oportunista», y ponía en duda que cuando se someta a votación los diputados del nuevo grupo de «socialistas y demócratas» le apoyen.
Catorce vicepresidentes
La razón más evidente de preocupación la dio la votación para la elección de los catorce vicepresidentes del Parlamento Europeo, que necesitó de tres vueltas porque los diputados -aquí si hay voto secreto-hicieron poco caso de las instrucciones de grupo. El popular Alejo Vidal Quadras y el socialista Miguel Ángel Martínez repetirán mandato en una dirección en la que los grupos no pudieron sus planes: la liberal alemana Silvana Koch-Mehrin fue nombrada por los pelos, porque hasta los de su grupo le hicieron pagar por haber declarado que los eurodiputados se dedicaban a ir de juerga en juerga, trayendo prostitutas a sus despachos.
En el nuevo grupo de los conservadores británicos, que proponían como candidato oficial al euroescéptico polaco Michael Tomasz Kaminski, por el que hay muy pocas simpatías en el hemiciclo, venció la candidatura de Edward McMillan-Scott, que sí las tiene en el seno del grupo popular en el que estaba encuadrado. La primera jornada de este nuevo grupo parlamentario ha servido para constatar una división muy profunda en su seno.



