Un polaco preside ya el parlamento europeo. Un viejo profesor de Silesia, ese disputado rincón de carbón ansiado, Papas romanos, alemanes deportados y mezcla de la que Buzek es muestra: polaco europeísta, de origen checo, protestante en la católica Polonia, profesor e ingeniero, conservador y reformista, ex primer ministro, apoyado ayer por democristianos, liberales o hasta verdes en Estrasburgo. Cabe subrayar este respaldo transversal pues, mientras la izquierda centroeuropea rebotada del comunismo -entre ellos los Verdes- se emocionó con la epopeya de Solidaridad en los 80, otros partidos socialistas como el francés y el español han tenido siempre dificultades en integrar en la historia de la izquierda continental aquel movimiento obrero que derrotó al bloque soviético.
Es ironía que de la vieja mina silesia salga aún, en el 20 aniversario del triunfo de solidaridad, uno de sus intelectuales para presidir el parlamento de una vieja Europa a la que la nueva tuvo que ayudar a reunificarse.
Buzek llevó a Polonia a la protección de la OTAN y presidió un gobierno con nombres como Geremek, Suchocka o Balcerowicz. Pero en un inestable matrimonio en que liberales, conservadores y sindicalistas, hijos todos de la vieja Solidaridad, batallaron sobre el dolor de la transformación y los criterios de adhesión que exigía la UE. Tras de un tiempo en que criticar a los polacos era de buen tono, Buzek llega a Estrasburgo en un momento en que su país vuelve a sorprender: es el único en crear empleo y crecimiento. Aún más: acaba de vender bonos a 10 años por valor de 2.000 millones de dólares, recabando demanda hasta por 8.000, y superando en 290 puntos a los del Tesoro de EE.UU.


