Moratinos dice que se ha cumplido el objetivo del viaje de «reencuentro»
Domingo, 12-07-09
Mientras seguían a ritmo pausado las obras de la Torre de la Libertad (una suerte de torre de cemento con restaurante giratorio que pretende imitar de forma burda a la torre Eiffel) en el paseo marítimo de Bata, «capital» continental de Guinea Ecuatorial (antigua provincia de Río Muni), el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, lanzaba las campanas al vuelo.
Ayer concluía el viaje de tres días de una «importante delegación» de 60 personas formada por diplomáticos, parlamentarios, empresarios y periodistas, y, según el ministro, se habían conseguido dos de los tres objetivos del viaje: el político, de «iniciar una nueva etapa de reencuentro», ya que «España no puede estar ausente» de un proceso de «modernización y democratización del país», y el económico, de «toma de contacto» de los empresarios españoles, para evitar que sean países con menos lazos culturales e históricos con Guinea (léase Estados Unidos, China o Francia) los que se estén llevando el gato al agua del torrente de dinero fresco que el boom del petróleo está dejando en manos del régimen que desde hace treinta años manda en la ex colonia española.
Reproche a los medios
Moratinos admitió que el viaje había sido menos exitoso a la hora de ofrecer una imagen más ponderada y objetiva del país, en un reproche a los medios de comunicación españoles que coincide paradójicamente con la visión del propio dictador ecuatoguineano, Teodoro Obiang. El ministro reaccionó de forma colérica la primera noche en Malabo ante la crónica de una enviada especial de televisión por considerar que ponía en peligro los objetivos de un «viaje de Estado», aunque trató de escudarse en que era «la opinión» de los empresarios.
Obiang aprovechó el viernes una conferencia de prensa en el suntuoso Palacio África para tirar con bala contra una prensa (la española) que durante cuarenta años no había dejado de responder a «intereses ocultos», y aprovechó para recalcar, sin despeinarse, que no es un presidente vitalicio, sino que es «el pueblo» el que le pide una y otra vez que se presente a las elecciones, porque él es «garantía de estabilidad». Un pueblo en el que -en concordancia con algún empresario español afincado en Malabo- abundaban «los holgazanes. No se pueden repartir los recursos. Hay que sudar».
Plácido Micó, el líder de Convergencia para la Democracia Social (CPDS), único diputado opositor en el Parlamento de Malabo, asegura que la imagen que se puede llevar un turista accidental o un viajero apresurado que ve las grúas o los nuevos edificios en Malabo y Bata es falsa. «El progreso y el desarrollo son un espejismo. No se traduce en un reparto de la riqueza ni en un desarrollo de la mayoría de la población», análisis que coincide con recientes informes de organizaciones como Human Rights Watch, que hacen hincapié en que el maná del petróleo está concentrando el dinero en pocas manos y que hay índices, como el de mortalidad infantil o el de educación, que están deteriorándose a medida que se dispara el Producto Nacional Bruto.
Micó dijo que el país se encamina hacia un «sistema de partido único» y «hacia el fraude en las presidenciales de diciembre, con la elaboración de un censo por parte de miembros del omnipresente Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), intimidando y censando a muertos, ausentes, menores y desaparecidos». Es práctica habitual en los comicios que los electores muestren sus papeletas al respetable para que no haya dudas de la fidelidad al líder máximo.
«Injustificable ausencia»
Air Europa inicia el 12 agosto un vuelo directo semanal con un Boeing 737/800 entre Madrid y Malabo, que en cuanto se amplíe el aeropuerto, se completará con otro enlace directo entre Bata (la ciudad más grande del país, situada en la parte continental de la antigua colonia española) y Madrid. La noticia, conocida ayer de primera mano en el mostrador del hotel Plaza (decorado con relojes que daban la hora de París, Madrid y Nueva York), parecía el broche inesperado al entusiasmo del ministro de Asuntos Exteriores. Air Europa no formaba parte del grupo de empresas integradas en la copiosa delegación con la que el gobierno de España ha intentado reparar una «injustificable» ausencia.
La empresa AGEM, dedicada a electromedicina, firmó la víspera un contrato de casi nueve millones de euros para abrir tres bancos de sangre en Bata, Malabo y Mongomo (el feudo del presidente y su tribu). El presidente de la firma, Pedro Hermosillo, aseguró que no había tenido que untar a nadie para conseguir sus objetivos. Moratinos confía en que la «utilidad» de un viaje que abre «una nueva era de relaciones» se haga efectiva y no se quede en buenas palabras, y que empresas españolas energéticas, de infraestructuras y servicios (turismo, sobre todo) saquen buen partido de la firma del acuerdo de protección recíproca de inversiones.

Enviar a:

¿qué es esto?