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Los líderes de las potencias del planeta ven todavía «riesgos significativos» en la economía mundial. Llama a los países ricos a reducir sus emisiones de CO2 en un 80% en 2050
La reunión de los jefes de Estado y de Gobierno de los siete países más industrializados del mundo y Rusia concluyó ayer en la localidad italiana del L´Aquila con la firma de un documento de cuarenta páginas de carácter general, que constituye más una declaración de intenciones que otra cosa. Hasta la cena de trabajo de anoche, por ejemplo, los ocho líderes fueron incapaces de acordar una advertencia común a Irán y Corea del Norte por sus programas nucleares. El G-8 mostró su «preocupación» por los recientes episodios de violencia en Teherán -presionados por el presidente francés, Nicolas Sarkozy-, aunque los mandatarios recalcaron su determinación a encontrar una «solución diplomática» al contencioso atómico.
Sobre la crisis económica, los ocho hombres más poderosos del planeta constatan «signos de establización», incluida una «recuperación en los mercados financieros», pero alertan sobre los «riesgos significativos» que acechan a la economía mundial, incluido el de la agitación social.
Antes de entrar en materia, los líderes del Reino Unido, Japón, Canadá, Francia, Alemania, Estados Unidos e Italia expresaron «su más sincera solidaridad a la región de Los Abruzos», devastada por la tragedia del seísmo del pasado 6 de abril. La canciller alemana, Angela Merkel, fue una de las primeras en llegar a la cumbre, seguida de Barak Obama, que vino rodeado de su familia. Merkel visitó la ciudad de Onna, devastada por el terremoto del pasado 6 de abril, mientras que Obama paseó por las calles de lo que queda del centro histórico de L´Aquila. Se detuvo a saludar a los bomberos y a los miembros de protección civil de la ciudad. Más fría fue la visita del presidente ruso, Dmitri Medvédev, que pareció poco interesado por la tragedia.
Los ciudadanos de L´Aquila no pudieron ver el paseo de los dos presidentes, pero tampoco pareció importarles. «Sólo esperamos que puedan ayudar a reconstruir nuestra ciudad», señalaron a ABC Sergio y Rodrigo, dos ancianos que se encontraban en el centro comercial de la ciudad, una de las pocas superficies intactas tras el terremoto. El presidente estadounidense alabó, nada más pisar suelo italiano, «la buena organización de este encuentro». Hacía así referencia a la polémica desatada estos días por la prensa internacional, que conjeturó con la posibilidad de sacar a Italia del grupo de élite del G-8 para invitar a España. El primero en lanzar la alarma fue el periódico británico «The Guardian», al que se unió ayer el estadounidense «The New York Times» con su crítica en un editorial a «la imperdonable falta de organización del gobierno italiano».
Sin compromisos
Ante las críticas a la vaguedad de las respuestas ofrecidas en el documento final de la cumbre, el anfitrión, Silvio Berlusconi, aseguró en rueda de prensa que profundizarían en las discusiones con los demás jefes de gobierno invitados a este G8, que hoy pasará a ser un G-14 con la incorporación de Brasil, China, India, México, Suráfrica y Egipto.
La lucha contra el cambio climático ocupó una parte sustancial de las sustanciales, con resultados ambivalentes. El G-8 reitera su «disposición a compartir con todos los países el objetivo de reducir las emisiones globales al 50% para 2050». Pero no expresa compromisos concretos por parte de las naciones industrializadas para alcanzar este objetivo, que será negociado en la cumbre de Copenhague sobre el futuro del Protocolo de Kioto en diciembre. El objetivo de que los países más ricos reduzcan sus emisiones en un 80% en 2050 sobre los niveles de 1990 obtuvo un rotundo rechazo por parte rusa, por lo que no recibe más que un apoyo genérico sin detalles sobre como alcanzarlo.
Al desarrollo de África dedican dos de las 40 páginas. La coordinadora italiana de la Campaña del Milenio de Naciones Unidas, Marta Guglielmetti, explica al respecto: «El hecho de que pocas horas después del inicio de la reunión ya se haya publicado un texto final lo dice todo».
L´Aquila fue ayer sede de manifestaciones pacíficas de ciudadanos de Los Abruzos, que pedían casas para las personas que siguen viviendo en tiendas de campaña. A pesar de breves momentos de tensión entre grupos antisistema y la Policía, y algunos controles en las inmediaciones de la ciudad de L´Aquila, la jornada se desarrolló con relativa tranquilidad. No obstante, para hoy se esperan nuevas protestas,
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