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Irán reprime con violencia el décimo aniversario de las revueltas estudiantiles
Imagen de archivo de las manifestaciones estudiantiles de 1999 contra el presidente Jatami / AFP PHOTO
Actualizado Jueves, 09-07-09 a las 20:19
“Cualquier protesta será aplastada”. Morteza Tamaddon, gobernador de Teherán, fue claro y su contundencia al expresarse es la misma que emplean las fuerzas de seguridad y los paramilitares para disolver las protestas que se producen en Teherán desde el pasado 12 de junio. Ayer, además, era un día especial y las autoridades no querían sorpresas. Oficinas públicas y centros educativos cerrados. Atmósfera militarizada especialmente en el centro de Teherán, en el acceso a la Universidad por la calle Enqelab (revolución), donde los estudiantes pretendían recordar, como hacen cada año, las revueltas del 18 Tir de 1378 (9 de julio de 1999 en nuestro calendario). Un auténtico ejército les esperaba a las puertas del centro.
Disparos al aire, gases lacrimógenos, porrazos y más detenciones dispersaron a los “doscientos o trescientos” ciudadanos, según las agencias, que desafiaron una vez más la prohibición de las autoridades e intentaron manifestarse. Han pasado diez años desde aquellos seis días que conmocionaron a la república islámica, cuando por primera vez la gente se echó a las calles a exigir más reformas y aperturismo. La chispa en aquella ocasión fue el cierre de un diario reformista como Salaam, fiel al entonces presidente Mohamed Jatami, y sobre todo la entrada de las milicias islámicas del Basij en los dormitorios de la Universidad causando al menos un muerto. Ese 8 de julio empezaron seis días de manifestaciones y protestas en los que hubo cientos de heridos y miles de detenidos, que sólo han sido superados en la historia del régimen por el descontento surgido tras la reelección de Mahmoud Ahmadineyad como presidente del país.
«¡Muerte al dictador!»
Imágenes similares con diez años de diferencia. Diez años que han condenado a la opción reformista al ostracismo tras la decepción de Jatami y la reciente derrota electoral de su sucesor, Mir-Husein Musavi. Entonces los manifestantes gritaban “¡Muerte a Jamenei!”, hoy claman “¡muerte al dictador!”, en referencia al gran protegido del Líder Supremo, el presidente Ahmadineyad. Los foros reformistas esperaban que este 18 de Tir fuera un punto de inflexión en la denominada ‘revuelta verde’ protagonizada por los seguidores de Musavi y se había llevado a cabo un nuevo intento de movilización a través de Internet. Pero “la nueva era”, tal y como la bautizó Mahmoud Ahmadineyad en su último discurso, va a necesitar algo más que unas revueltas callejeras para tambalearse y, pese a las diferencias notables en la cúpula del régimen, sigue su paso firme hacia cuatro años más de política ultraconservadora.
Ciudadanos de a pie, periodistas, abogados (el último Alí Dadkhah, compañero de la Premio Nobel de la Paz, Shirin Ebadi, en el Centro de Defensa de Derechos Humanos), intelectuales, ex altos cargos de los gobiernos reformistas… la caza brujas entre la oposición supera los mil nombres, según los datos facilitados por la Policía, y la amenaza de tribunales especiales planea sobre todos ellos bajo la acusación de atentar contra la integridad de la República Islámica.
Liberación de diplomáticos
Mientras las calles de Teherán echaban humo los jefes de Gobierno y de Estado del G8, reunidos en L’Aquila condenaron la actuación del Ejecutivo iraní tras los comicios. Una condena que quedó eclipsada por la liberación de los tres últimos diplomáticos detenidos por los marines en el consulado iraní de la ciudad kurda de Arbil en enero de 2007. La Casa Blanca se apresuró a señalar que la puesta en libertad no supone “un gesto hacia Irán”, para intentar calmar las continuas acusaciones de injerencia del régimen islámico a las potencias occidentales tras las revueltas del último mes.
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