El portavoz de la ilegal Batasuna, Arnaldo Otegi, dejó en papel mojado la endeble acreditación como interlocutor que podía quedarle ante algunos sectores, al reconocer que «ETA tiene la última palabra».
En declaraciones a la emisora Radio Popular de Loyola, Otegi demostró, por enésima vez, que no se mueve un ápice y sigue donde siempre ha estado: sumiso a la voz de su amo: ETA.
Así, nada de pedir a la banda que abandone la actividad terrorista y, mucho menos, nada de exigirle que desaparezca para siempre. A lo más que llega Otegi es a insinuar que se mostraría partidario de que ETA abriera «períodos de distensión», con el fin de allanar el camino para que los partidos nacionalistas se avengan, con Batasuna, a constituir un «polo soberanista» que negocie con el Gobierno la independencia de la «gran Euskalherria». Y puso el ejemplo del pacto de Estella, motivo por el cual la banda criminal emprendió una tregua trampa, que aprovechó para reorganizarse y rompió en cuanto no pudo imponer sus exigencias.
Por otra parte, Arnaldo Otegi reiteró que la reciente sentencia del Tribunal de Estrasburgo en la que da por buena la ilegalización de Batasuna es una «muy mala noticia».


