Dos semanas de sainete
27 de enero, 2006. José Manuel Zelaya toma posesión como presidente de Honduras.
28 de junio. Zelaya es detenido por el Ejército y deportado a Costa Rica, desde donde llama a la desobediencia civil.
5 de julio. Zelaya pretende volver en avión a Honduras. No lo logra.
23 de junio. El Parlamento rechaza el referéndum convocado para el 28 de junio, que permitiría su reelección.
24 de junio. Zelaya destituye al general Romeo Vásquez y descabeza las Fuerzas Armadas.
25 de junio. El Ejército, en las calles de Tegucigalpa; Zelaya trata de reconducir la situación.
28 de junio. Zelaya es detenido por el Ejército y deportado a Costa Rica, desde donde llama a la desobediencia civil.
30 de junio. «Mel» Zelaya recibe un apoyo unánime ante la Asamblea General de la ONU.
1 de julio. Ultimátum de la OEA al presidente «de facto», Roberto Micheletti, para que reponga a Zelaya en la presidencia.
5 de julio. Zelaya pretende volver en avión a Honduras. No lo logra.
Actualizado Lunes, 06-07-09 a las 08:01
La crisis hondureña se cobraba esta madrugada sus dos primeras víctimas mortales. El Ejército reprimió a los partidarios del depuesto presidente Manuel Zelaya que intentaban ocupar la pista del aeropuerto de Toncontín, en Tegucigalpa. Éstos, por millares, habían logrado romper el cerco militar dispuesto en las inmediaciones de la base aérea. Los soldados emplearon gases lacrimógenos y fuego real para contener a la multitud, que respondió a los uniformados con piedras y palos.
Tras haberlo expulsado del país a puntapiés y de cursar más tarde una orden internacional de captura, el Gobierno «de facto» de Roberto Micheletti renunciaba a detener en territorio hondureño a Zelaya. Vehículos militares obstaculizaron la pequeña pista y el avión venezolano en que viajaba el ex mandatario, tras dar varias vueltas sobre los cielos de la capital, tuvo que desistir de tomar tierra y encaminarse hacia Managua.
En El Salvador lo esperan el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y sus colegas de Paraguay, Fernando Lugo, y Ecuador, Rafael Correa. Zelaya adelantó que intentará nuevamente su regreso a Honduras en los próximos días y que buscará otras alternativas para entrar en el país.
En la madrugada del domingo, el derrocado mandatario anunció que regresaría a Honduras «en misión pacífica a restaurar la paz y el orden entre los hondureños, la tranquilidad y el respeto mutuo». El Ejecutivo interino dio entonces «instrucciones de que no dejen entrar el avión, venga quien venga» en él. La prohibición era extensiva a los cuatro aeropuertos internacionales del país.
El propio Micheletti justificó dicha medida para evitar «conflictos internos», y dijo que «en su momento» Zelaya podrá volver si desea entregarse a la justicia. Sordo a la advertencia, Zelaya partió de Washington acompañado por el presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el ex canciller nicaragüense Miguel D'Escoto.
Este ir y venir de gentes se pruducía tras vencer el ultimátum planteado por la OEA a las nuevas autoridades hondureñas para que restauraran a Zelaya en la Presidencia. Al cumplirse el plazo de 72 horas decretado el miércoles, 33 de sus 34 países miembros —reunidos en asamblea extraordinaria en la capital estadounidense— decidieron suspender a Honduras de su participación en la institución. Así, la tercera nación más pobre del continente queda excluida del sistema interamericano, de los créditos del Banco Interamericano de Desarrollo y de los programas de cooperación en materia educativa y de salud.
La reunión de la OEA se prolongó durante todo el sábado y hasta bien entrado el domingo. Algunos cancilleres porfiaron, sin éxito, en incluir en la resolución una recomendación para que Zelaya desistiera de su propósito de retornar a Honduras, ante el riesgo que entrañaba. Los representantes de Canadá y Costa Rica hicieron constar de manera pública dicho consejo. Micheletti ha solicitado ya a la OEA la apertura de un «diálogo de buena fe»





