
Nadal pierde el número uno, que desde hoy volverá a ser del jugador suizo
Roger Federer no sólo conseguía ayer ser el jugador de la historia con más Grand Slam conseguidos sino que, de una tacada, se hacía también con el número uno del ranking mundial once meses después de que Rafael Nadal se lo arrebatase. Desde que se supo que el tenista balear no podría acudir a Londres a defender su título, el jugador suizo era consciente de que ganando aquí volvería a ser el número uno del ranking. posición que ya ocupó de manera ininterrumpida entre el 2 de febrero de 2004 y el 17 de agosto de 2008.
Asimismo, la final de ayer estableció un nuevo récord, el de más número de juegos en una final de un Grand Slam, con 77 games disputados. También el 16-14 del último set es el más largo de una final de Grand Slam. El anterior fue en el Roland Garros de 1927 con un 11-9. Los 50 «aces» de Federer se quedaron a uno del récord mundial: los 51 de Karlovic.
Asimismo, la final de ayer estableció un nuevo récord, el de más número de juegos en una final de un Grand Slam, con 77 games disputados. También el 16-14 del último set es el más largo de una final de Grand Slam. El anterior fue en el Roland Garros de 1927 con un 11-9. Los 50 «aces» de Federer se quedaron a uno del récord mundial: los 51 de Karlovic.
Lunes, 06-07-09
Hace justamente un año, Roger Federer sufría una dolorosa derrota después de un partido durísimo, muy largo, ante Rafael Nadal. Pero la vida siempre da otra oportunidad para resarcirse y convertir la amargura en la mayor de las alegrías. A Federer, el gran campeón, le dio ayer esa oportunidad en otro partido agónico y, esta vez, inesperado, ante el mejor Andy Roddick de los últimos años.
En realidad, el protagonista del partido fue el derrotado. Nadie le esperaba, todos le miraban como al pobre diablo al que el destino le da una oportunidad, como el viejo boxeador que vuelve para una última pelea. Pero Roddick no es un cualquiera. Roddick es un tipo que ha estado en los últimos diez años siempre en el «top ten», con sus subidas y sus bajadas, pero siempre ahí, atento, alerta, luchando como el que más para mantener su situación de privilegio. Es un luchador nato y, como tal, planteó la mejor de las batallas, una lucha digna de las mejores finales de este Wimbledon, como si hubiera estado Sampras -superado ayer, y presente en el partido- como si fuese el mismo Nadal. Un campeón de verdad.
Federer las pasó de todos los colores. Los dos las pasaron de todos los colores en un partido que cayó del lado del suizo, pero que igual pudo haber ganado Andy. Un mal bote, la bola de Woody Allen en «Matchpoint», un desafortunado resbalón, una caña... todo influyó para ir decantando el partido de un lado u otro.
Curiosamente, Roddick no basó su gran juego en el excelente saque que tiene. De hecho, Federer logró 50 «aces», que es una barbaridad, por 27 del norteamericano. Pero lo que hizo bien Andy fue jugar al tenis, con valentía, con profundidad, con un revés muy mejorado y, sobre todo, sin complejo alguno.
Se le vio nada más entrar en la pista. A las dos en punto, ni un minuto más ni uno menos, entraron los dos. Andy, como si llegase al granero de su granja, andares decididos y bastos, dispuesto a todo. Roger, con su look de los años 50, elegante, risueño, una mano en el bolsillo y la otra saludando. No sabía lo que le esperaba.
Luego llegó una batalla cruenta en la que el suizo sólo pudo romper una vez el servicio de su rival, sólo una vez, y le valió para ganar el partido. Roddick lo hizo más veces, a base de riesgo, de «winners» y de elegir muy bien las subidas a la red. Un partido jugador de forma espectacular por el norteamericano. En realidad, Andy jugó mejor que su rival si establecemos comparaciones. El estadounidense jugó al 200 por cien de su tenis habitual y Roger al 90 de lo que es capaz, un tanto sorprendido por la guerra que le dio el rival.
No se rindió Roddick
Roddick en el segundo set, cuando en la muerte súbita tuvo 6-2 a su favor. Le tembló entonces la gorra al yanqui y perdió la manga. Es cierto que había ganado el primero con cuatro bolas de Federer que se fueron de pista por milímetros, pero es que todo el partido se decidió en el canto de una moneda, sin ganador ni vencedor, un encuentro épico en el que merecieron ganar los dos. Cuando, en el tercero, Federer se hizo de nuevo con la muerte súbita, todos pensaron que aquello se acababa, pero Roddick volvió al partido. Fue inquebrantable con su servicio y a la menor que pudo se subió al carro del choque otra vez. Y ya siguió hasta el final. A ambos les salvó su servicio innumerables veces, pero ninguno llegó a tener una bola de partido, todo lo más estuvieron a dos. Y en la única que tuvo, Roger sentenció, con ayuda de un mal bote y una caña. Pero ganó, como el campeón que es. Sin embargo, esta vez hay que saludar como se merece también a Andy, que vuelve a ser grande. El otro siempre lo ha sido y siempre lo será...







