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Owen revive en Old Trafford
De la noche al día, se vio sin trabajo. El traumático descenso del Newcastle a la First Division dejó a un puñado de jugadores de renombre en el paro y entre ellos destacaba Michael Owen (Chester, Reino Unido; 1979), una estrella difuminada que ha sido rescatada por Alex Ferguson para que vuelva a brillar en el Manchester United. No es Cristiano Ronaldo y será imposible que rellene el vacío que deja el portugués, pero el pequeño delantero promete trasladarse a Old Trafford con un saco de goles. Siempre lo lleva encima.
Se ha vendido con catálogos y videos, ensalzando sus virtudes tanto dentro como fuera del campo, pero Ferguson no necesitaba saber mucho más de él. El técnico escocés, astuto como un zorro viejo, confía todavía en el duende de este jugador que tocó el cielo en 2001 y se precipitó sin remedio por culpa de una plaga de lesiones. «Te quiero con nosotros», le dijo Ferguson en un desayuno informal. Dos días después pasó un riguroso reconocimiento y ya es, oficialmente, jugador del United por dos cursos. «Fue un «shock» recibir la llamada del United, pero obviamente estoy muy contento y las cosas se han movido rápidamente desde entonces para que esté aquí», confesó el protagonista.
Cuentan de él que era un niño diabólico cuando jugaba con dos de sus hermanos por las calles de Liverpool, capaz él solito de sentar a todos los defensas para hincharse a marcar goles. Recibió consejos de Terry, su padre, que fue jugador del Everton en la década de los setenta. Michael creó un cisma en la familia porque fue reclutado por el Liverpool, el eterno rival. En Anfield se hizo invencible desde que debutó a los 17 añitos.
Fue el niño mimado de la afición y más después de que en ese 2001 se llevara el «Balón de Oro». Normal si se tiene en cuenta que su papel fue trascendental para que el Liverpool ganara la Copa, la Copa de la Liga, la Community Shield, la Copa de la UEFA -la final fue contra el Alavés en un duelo trepidante- y la Supercopa de Europa. Un año redondo, pero desde ahí todo fue en recesión.
Un galáctico sin «glamour»
Con mucho menos «glamour» que otros galácticos, aterrizó en el planeta de Florentino en 2004 -curiosamente el Liverpool ganó la Champions ese año- sin que su llegada entusiasmara al Santiago Bernabéu. Costó algo más de 12 millones, cumplió con trece goles, pero un año después se fue al Newcastle por el doble de lo que costó. Buen negocio, pues nada más regresar a Inglaterra empezó su pesadilla con las lesiones.
Owen promete dar guerra en el Manchester United con un ojo puesto en la selección, que tiene casi asegurada su presencia en el Mundial de Suráfrica. «Soy consciente de que en los últimos años no he estado a mi nivel habitual. No sé, quizá había un gafe o algo en Newcastle. Aquí voy a relanzar mi carrera a base goles y trabajo».
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