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«ETA se está quedando sin banquillo para sustituir a los jefes detenidos. Va a tener que convocar un «casting» en alguna «herriko taberna» de su confianza. De esta manera tan gráfica describe un experto antiterrorista la situación por la que en los últimos años y, sobre todo, en los últimos meses, atraviesa la dirección de la banda.
Y es que la colaboración hispanofrancesa no deja sacar la cabeza a la serpiente. En cuanto se arrastra e intenta sacarla, se le corta. Desde el pasado noviembre, en siete meses, el «aparato militar», mano ejecutora de los crímenes, ha sido descabezado hasta en cuatro ocasiones. Cada cabecilla le dura a ETA menos de dos meses -1,75-, récord positivo en la siniestra historia de la banda. Cayó en noviembre «Txeroki»; corrió la misma suerte en diciembre su relevo, Aitzol Iriondo; en abril fue arrestado el sustituto del sustituto, Jurdan Martitegi y, ahora, sigue sus pasos hacia la parisina cárcel de Fléry el cabecilla de saldo Asier Borrero. ETA está en liquidación, aunque aún puede hacer mucho daño.
Tradicionalmente, los diferentes «aparatos» de ETA eran bicéfalos, de tal forma que si caía un dirigente, automáticamente se ponía al frente el otro, mientras se elegía al segundo. Era una ETA, la que los años ochenta y noventa, que tenía tiempo y efectivos. Los cabecillas duraban una media superior a los dos años. Ello les daba tiempo, como a los «Josu Ternera», «Santi Potros», «Baldo», «Pakito», «Txelis», «Iñaki de Rentería», a formar un equipo que garantizaba el relevo y, también, que la maquinaria asesina no quedara bloqueada.
Pero la eficacia de la colaboración hispano francesa ha truncado este siniestro «modus operandi». ¿Cómo un cabecilla va a adiestrar a sus «comandos», si antes de formarse él mismo cae en manos de la Policía?
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