Domingo, 05-07-09
A bombo y platillo, con banda y música, el Gobierno ha fletado el Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria, conocido con al acrónimo FROB. La exposición de motivos del Real Decreto Ley que alumbra ese instrumento al mismo tiempo que proclama la berroqueña solidez del sistema español de banca-cajas alerta de la necesidad de estar preparados para la emergencia de posibles situaciones de riesgo sistémico. ¿En qué quedamos...? Ese lapsus mental, esa indeseada traición freudiana del subconsciente refleja una vez más la clásica esquizofrenia del Gobierno. Niega la realidad de manera permanente para después verse obligado a reconocerla e improvisar soluciones para afrontarla. El resultado de los desvelos del Gobierno es un fistro, Chiquito de la Calzada «dixit», que podría redenominarse con el cariñoso apelativo de FROG, Fondo de Reparto y Ocultación Gubernamental. De otro modo no cabe calificar la institucionalización de un mecanismo que convierte la arbitrariedad en regla. Para muestra algunos botones...
El FROG no constituye un plan global de saneamiento del sistema banca-cajas sino una mala faena de aliño destinada a preservar un modelo, básicamente el de las cajas de ahorros, al servicio de los intereses políticos que las controlan y financiado con el dinero de los contribuyentes. Responde además a una constante de la política desplegada por el gobierno socialista desde el inicio de la crisis: «Si el mercado fuerza el ajuste, es necesario utilizar la plata de los españolitos para evitarlo a toda costa». Por eso se ha creado el FROG, una fórmula «ad hoc» que permite hacer cualquier cosa siempre y cuando el gobierno lo estime oportuno. En este sainete esperpéntico, el Banco de España tiene un ingrato papel porque está condenado a ser una marioneta. Serán Zetapé y Salgado las manos que «mecen la cuna», lo harán para favorecer a sus «niños» y a un coste potencial descomunal. El FROG-Engendro puede devorar hasta 90.000 millones de euros lo que equivale un coste adicional de deuda pública para cada familia española de 5.300 euros. No está mal...
A diferencia de lo hecho en otras estrategias de reestructuración y reordenación bancaria, por ejemplo en la crisis de la banca sueca de los años noventa, no se conceden al FROG los recursos suficientes para programar de manera independiente y ordenada las medidas necesarias y/o convenientes para sanear el sistema. Es el Gobierno, el Ministerio de Economía y Hacienda quien tiene la pasta y raciona su suministro. En consecuencia, las actuaciones del Banco de España se ven sometidas de facto al plácet gubernamental. Esto genera serias sospechas de que el `dream team´ Zetapé-Salgado hará lo que quiera y, en cualquier caso, podrá teledirigir la dinámica de ajuste y condicionarla a criterios políticos o de partido. Si su intención hubiese sido otra, el FROG contaría desde su creación con una dotación financiera adecuada para cumplir sin interferencias las tareas que le asigna la legislación. Quien tiene la llave del dinero manda y aquí manda el Gobierno. ¿Es eso lo que quería el Banco de España? ¿Por qué Mafo calla y por ende otorga?
El Real Decreto Ley permite a las entidades financieras sin problemas recibir fondos públicos si deciden de modo voluntario fusionarse o emprender procesos de reestructuración. Esto es impresentable en términos de justicia y de racionalidad porque supone nacionalizar los costes privados de ajustar las ineficiencias creadas por los gestores de las entidades. La filosofía «frogiana» premia con el dinero de los contribuyentes a quienes no han hecho los deberes y penaliza a quienes sí los han hecho. Además constituye una injustificable distorsión de la competencia, que deberá ser escrutada con lupa por la Comisión Nacional de Competencia. Para completar el círculo del despropósito, esa opción requiere el beneplácito gubernamental, lo que crea márgenes enormes a la discrecionalidad y a la arbitrariedad que no lo duden se ejercitarán de manera libérrima. ¿Quiénes serán los beneficiarios de las ayudas del FROG? Quienes quiera el Gobierno y no hay que ser un lince para intuir el perfil de los privilegiados.
El Real Decreto Ley autoriza al Banco de España a forzar fusiones de bancos o cajas en situación de grave insolvencia. Pero esto también significa que no podrá obligar a que una caja o un banco solvente se merienden a una entidad insolvente ni tampoco a realizar integraciones inter-regionales. Esto conduce a que las fusiones sólo podrán realizarse bien entre instituciones quebradas -lo que sólo haría el «agujero» e impediría sanear el sistema-, bien con una inyección brutal de dinero público para que los sanos se coman a los enfermos sin poner en riesgo su salud, eso sí, siempre y cuando así lo deseen el gobierno nacional y sus aliados autonómicos. No hace falta ser Einstein para entender la razón última de este asunto: el gabinete socialista pretende impulsar las integraciones de las cajas dentro de sus autonomías, lo que se traduce en la consolidación y potenciación de una banca pública regional controlada por el poder político. El proyecto de fusión de algunas cajas catalanas abona de modo meridiano esa hipótesis. En conclusión, el FROG refuerza el modelo que ha sido la causa del problema. Esto constituye una bomba de relojería instalada en el corazón del sistema financiero español que explotará antes o después.
A través del FROG, el Banco de España podrá inyectar capital en las entidades que lo necesiten en forma de acciones preferentes y/o cuotas participativas con derechos políticos, incluso de control. Sin embargo, si las instituciones socorridas por el FROG no pueden recomprar esos títulos al final del período previsto, la transmisión a terceros no lleva aparejada la de los derechos políticos. Esto hace impensable que cualquier inversor privado esté dispuesto a regalar su dinero si no manda, lo que conduce de manera inevitable a la nacionalización de una parte sustancial del sistema financiero sin que se creen los mecanismos adecuados para salir de esa situación. El escenario es estremecedor porque aboca al mantenimiento durante un tiempo indefinido de entidades `zombies´ que necesitarán trasfusiones constantes de recursos públicos para sobrevivir. ¿Por qué no se permite enajenar los derechos políticos a los bancos u a otras instituciones? Porque eso rompería el politizado modelo de cajas que el gobierno desea preservar a cualquier precio.
El FROG es un engendro cuyo éxito contribuiría a agravar las debilidades estructurales del sistema financiero español. Está pensado sólo y exclusivamente para preservar el status quo vigente, en concreto el de las cajas de ahorros, y para fortalecer su dominio por los políticos. Con el pretexto de ayudar a un sistema financiero que supuestamente no necesita ayuda, el gabinete socialista ha creado un instrumento para aumentar la interferencia política en un área que debería estar sometida al control del mercado. Así pues corresponderá a un gobierno post-Zetapé poner en marcha el saneamiento del sistema financiero español. Hasta ese momento, la bromita del FROG puede costar a los sufridos contribuyentes un ojo de la cara y la mitad del otro.
CASANDRA
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Las admoniciones de la profetisa


