
Anabel y Viví Ruano se quedan sin finales de dobles
La pareja española Anabel Medina y Viví Ruano no pudo repetir el triunfo de Roland Garros en Wimbledon al perder la semifinal del torneo londinense ante las australianas Samantha Stosur y Rennae Stubs en tres disputados sets por 6-7 (3), 6-4 y 6-2.
Hoy, la norteamericana Venus Williams, vigente campeona, y su hermana Serena disputarán la final femenina en la pista central a partir de las tres de la tarde, hora española.
«Me subo una manga, boto la bola, pum, sartenazo. Vamos, tengo prisa, quiero irme al hotel con mi mujer. Boto la bola, me toco la gorra, pum, 30-0. Tengo prisa, quiero irme al hotel con mi mujer. Vamos, niña, dame una bola. Pum. 40-0. Tengo prisa, quiero irme al hotel con mi mujer. Niño, quítate que tengo que sacar. Pum....». Roddick en acción. Apagando fuegos, poniendo nervioso a todo el país, corriendo como un poseso, sacando a 230 por hora mientras que Murray, el esperado, intentaba calmarse, jugar a cámara lenta, poner la bola en pista y aplicar su táctica, buscando el revés del rival. En el duelo de estilos, de actividad frenética y ralentización, se jugó esta semifinal, un partido dramático para la pérfida Albion.
Ganó Roddick la primera manga y, en su precipitación por ganar el segundo punto antes que el primero, perdió la segunda. En ese contraste se jugó el choque. Cuando el escocés ponía la bola en juego solía ganar, pero la velocidad de Roddick no siempre le dejaba. Le fue presionando cada vez más y el local ya llevaba mucha tralla encima. Se fue diluyendo. Cuando ya no podía más, el norteamericano dio el último empujón y a palo limpio destrozó a toda una nación, 6-4, 4-6, 7-6 (7), 7-6 (5). Luego, se disculpaba ante la grada. «Perdona pero aguanta», debió pensar.
Excelso Federer
Esperaba Federer, que jugará su séptima final consecutiva al ganar a Haas, 7-6 (3), 7-5, 6-3. Tal y como están las cosas, no parece muy importante cuál de los dos Andy llegara al partido final. Salvo milagro, y por lo que se vio ayer, el suizo se hubiera ventilado a los dos, incluso aunque jugarán juntos contra él. Excepcional partido el jugado por Roger, pletórico de serenidad, sabiduría y ahorro de energía. A Haas, que jugó bien, le metió cuatro globos, idénticos, al mismo sitio, y con los cuatro le hizo punto.
El alemán sacó bien, pero algo peor que Roger; su derecha funcionó, pero algo peor que la del suizo; restó con acierto, pero algo peor que su rival; y en ese poquito a poco se fue fraguando la diferencia final, que fue enorme.




