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La vida después de Zorita
El 25 de abril de 2002, activistas de Greenpeace colgaron una pancarta en la conocida cúpula roja de Zorita, un gesto que simbolizó el polémico cierre de la central
GUADALAJARA. Se han cumplido tres años desde que la central nuclear José Cabrera, de Almonacid de Zorita (Guadalajara), fue desconectada de la red eléctrica nacional. Se ponía así punto final a la generación energética desarrollada por la que fue la primera planta atómica construida en España, y que llegó a la Alcarria Sur en la década de los 60 (su construcción comenzó en el 65 y se culminó en el 68). Y acababa, en fin, una historia de 38 años que se tradujeron en la producción de algo más de 36 millones de megawatios (se le cifró una vida útil de 25 años, pero fue estirada con mejoras técnicas sucesivas).
El adiós de la central de Zorita (como es popularmente conocida) se había comenzado a escribir antes. Posiblemente en el año 2000, cuando se produjo un incidente por fuga de hidrógeno que originó el definitivo movimiento político que acabó con su cierre. Fue en esa fecha cuando la Junta castellanomanchega, con José Bono al frente, inició una campaña sin cuartel para cerrar una central que el hoy presidente del Congreso llegó a tachar de «cafetera».
Cafetera o no, lo cierto es que la verdadera puntilla a esta campaña no la dieron los políticos del PSOE, sino los ecologistas. Y más en concreto, los de Greenpeace: en abril de 2002, esta organización evidenció el mayor fallo «de seguridad» de la historia de la planta, aunque nada tuvo que ver con radiaciones o accidentes con el uranio enriquecido. Fue cuando una decena de activistas logró asaltar el terreno propiedad de Fenosa, encaramarse a la cúpula naranja de la nuclear, y desplegar una pancarta amarilla.
En lo que respecta a la vida cotidiana de la comarca de influencia de la central, estos tres años no han supuesto grandes cambios, pero sí algunos significativos para determinados sectores. «Ha disminuido la actividad en restaurantes, comercios y hostales. Cuando funcionaba la central, cada año había una recarga que daba trabajo a 300 personas, que comían, dormían y compraban en la zona. Se ha notado la marcha de 60 trabajadores, ha disminuido el padrón y también son menos los niños del colegio. En un principio, pensamos que el desmantelamiento podría acolchar la pérdida, pero nuestras últimas noticias son que, en los momentos más altos de estos trabajos, habrá sólo unas 250 personas», dice Gabriel Ruiz, alcalde de Almonacid. Pero, reconoce que el golpe tampoco ha sido «letal»: «No ha cerrado ningún negocio, porque están aguantando a ver qué pasa con el desmantelamiento».
Plan de Desarrollo
Efectivamente, al menos hasta 2016, con estos trabajos de desmontaje, el empleo podrá sujetarse. Y otro aspecto esperanzador es que la propia Fenosa, una vez culminado el proceso de desmantelamiento, quiere levantar una nueva central de generación eléctrica, de las llamadas de «ciclo combinado», que se ubicará en el mismo emplazamiento, y cuya construcción y mantenimiento también deberían generar empleo. «Está en trámite de evaluación ambiental.No es una alternativa al cien por cien para la nuclear, pero será un revulsivo», afirma el edil de Almonacid.
Para paliar los efectos destructores sobre la económica que generaba la planta, todas las administraciones firmaron en 2006 un Plan de Desarrollo para compensar a los 26 municipios (24 de Guadalajara y 2 de Cuenca) del área de influencia de la nuclear. La idea era, y es, preparar a la comarca para el momento en el que los ayuntamientos dejen de recibir los fondos Enresa. Este dinero se ha recibido en la comarca desde 1988 hasta la fecha. Pero su gestión adolece de problemas: no está coordinada pensando territorialmente, sino que se abona directamente a los municipios.
Derroche esperpéntico
Y la historia de estos 20 años ha demostrado que en los pueblos, y en demasiadas ocasiones, se empleaba el dinero, no en inversiones generadores de riqueza, sino en asuntos más triviales, y a veces esperpénticos, como construir plazas de toros de más aforo que la población, piscinas olímpicas en municipios de 200 habitantes, o tener mejores fiestas que las del vecino. Basta dar una vuelta por la zona para comprobarlo, aunque algunos ediles aseguran haber hecho los deberes. Es el caso de Ruiz, quien explica que, en su pueblo, el Ayuntamiento «ha invertido 6 millones y ha creado 81 empleos» en 15 años con los fondos de Enresa.
«Esas consideraciones deben cambiar. Con el Plan, lo fundamental es subvencionar inversiones que creen dinámicas económico-empresariales. Proyectos como el futuro polígono industrial mancomunado», dice el delegado provincial de Industria de la Junta, Alberto Rojo.
El cierre de la central José Cabrera supuso el inicio de un complejo proceso técnico para el desmantelamiento de la planta. Un mecanismo que debería concluir en 2015, pero que a la vista del retraso acumulado no acabará hasta 2016. Es el primer «cierre programado» de una central nuclear en España. Este esquema de trabajo se inició el mismo día del apagón, está estratificado en tres «niveles» y en él intervienen dos actores principales: Fenosa(propietaria de la planta) y Enresa (gestora de los residuos). En los últimos tres años, dentro del nivel I, el combustible radiactivo gastado ha estado enfriándose en la piscina de la central. Hasta que el 19 de enero de este año comenzó el traslado del uranio a un Almacén Temporal Individualizado, construido en el recinto de la planta. Este ATI es el lugar donde permanecerán los residuos hasta que se construya el Almacén Centralizado (ATC) que debe albergar los residuos de todas las nucleares españolas.
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