Publicado Lunes, 29-06-09 a las 19:45
Estados Unidos utilizó sus privilegiadas relaciones con el ejército hondureño para tratar de parar el golpe de estado contra el presidente Manuel Zelaya, y ahora está maniobrando junto con la OEA a favor de su restitución. Tegucigalpa constituye el primer gran test de la Administración Obama en la América Latina, más aún que las tibias aperturas hacia Cuba. Y por primera vez Barack Obama se encuentra alineado con el venezolano Hugo Chávez y otros líderes que critican permanentemente a Estados Unidos.
Obama hizo del golpe de Honduras uno de los temas estrellas de su reunión este lunes en la Casa Blanca con el presidente colombiano, Álvaro Uribe. Oficiales de su administración filtraban informaciones insistiendo en su pleno apoyo a Zelaya y confirmando recientes declaraciones de este último, que decía ser consciente de que sin Estados Unidos habría sido removido del poder incluso antes.
No es fácil la papeleta de Washington en Honduras, un país desde el que en tiempos de Reagan se combatió orgullosamente a la revolución sandinista, con la contra campando por sus respetos. El golpe resucita pesadillas de asonadas militares y obtuvo una condena internacional prácticamente unánime, incluido Chávez, gran amigo y aliado de Zelaya.
Pero el Congreso hondureño ha bendecido, si no directamente cómo salió Zelaya del palacio presidencial –encañonado y en pijama-, sí que haya salido, justo cuando se disponía a celebrar un referéndum con vistas a reformar la Constitución para allanar el camino a su reelección en el mejor estilo Chávez. Entonces la clase política local, o parte de ella, considera que con esto se preserva la democracia y se arranca la mala hierba de la tiranía.


