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Suráfrica sufre enormes carencias para garantizar el éxito organizativo del Mundial
Lunes, 29-06-09
Por más que el suizo Joseph Blatter, presidente de la FIFA, se muestre moderadamente satisfecho por la organización de la Copa Confederaciones, este mini ensayo de la próxima Copa del Mundo mostró las enormes lagunas que sufre Suráfrica en materia de transporte, logística, infraestructuras y seguridad.
La amabilidad y hospitalidad de sus gentes, así como la calidad de los cuatro estadios reformados donde se desarrolló la competición, fueron lo más destacado de un evento caótico marcado por los retrasos, las esperas interminables y la escasa afluencia de público a los partidos.
La república de Nelson Mandela se esmera y lucha contra el reloj para que la primera Copa del Mundo que se disputa en suelo africano salve el honor del continente negro, pero lo tiene complicado. Será un examen de fiabilidad para un país donde todavía el 43% de la población vive con menos de dos dólares al día.
La FIFA y los organizadores garantizan que el transporte público funcionará, pero tendrá que inventarse. Una red de autobuses y trenes regionales comunicará a las nueve sedes en 2010, previa inversión de 1.000 millones de euros. A día de hoy, sin embargo, nada está acabado. Carreteras nacionales en obras, con semáforos, stops imprevistos y un sinfín de cruces son una constante. Los autobuses de línea brillan por su ausencia, los trenes de calidad son una utopía y conseguir un mero taxi ya es un problema.
Medio millón de puestos
En cuanto a las plazas hoteleras, el caos que se produjo tras la inesperada eliminación de España ante Estados Unidos en semifinales demostró que el país no está preparado. La FIFA asegura que confía en poder bloquear para el Mundial en torno a 50.000 habitaciones destinadas a delegaciones oficiales y medios de comunicación.
Un compromiso poco tangible a tenor de lo visto, por ejemplo, en una sede en mitad de la nada como Rustemburgo, donde España debutó ante Nueva Zelanda y disputó la final de consolación. Con 15.000 periodistas acreditados, 32 selecciones en competición y en torno a medio millón de turistas en busca de alojamiento, el Mundial puede ser un desmadre.
En el ramo de la hostelería, el servicio es atento pero limitado, poco preparado. Tardanzas desmedidas en restaurantes y hoteles. El sábado, por ejemplo, un grupo de nueve periodistas españoles aguardaron más de hora y media para dar buena cuenta de sendas hamburguesas. Y se trataba de un «resort» de lujo. ¿Qué ocurrirá con miles de hinchas ingleses pasados de alcohol?
A un año vista, la organización presume de que el Mundial dejará para Suráfrica un legado duradero en infraestructuras, industria turística e instalaciones de fútbol. Según un estudio reciente, el torneo aportará a la maltrecha economía surafricana 55.700 millones de rands -cerca de 6.000 millones de euros-, de los cuales aproximadamente la tercera parte se destinará al fisco. El torneo generará además casi 500.000 puestos de trabajo.
Legado duradero
La contribución del Gobierno de Suráfrica en proyectos relacionados con la Copa del Mundo será de casi 3.000 millones de euros. «Bajo el Gobierno del apartheid, las instalaciones de fútbol en las zonas desfavorecidas se descuidaron y existió una total falta de reconocimiento para este deporte. La celebración de la Copa del Mundo dejará un legado duradero», aseguran desde la organización.
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