Domingo, 28-06-09
Tres sargentos, doce cabos, treinta soldados y un tambor de la 84ª Brigada Mixta del Ejército de la República fueron ejecutados en la madrugada del 20 de enero de 1938, en el pinar de Piedras Gordas (en la localidad turolense de Rubielos de Mora), doce días después de que su unidad hubiera rendido Teruel, la única capital de provincia conquistada por su bando en la Guerra Civil. Lucharon como héroes en el invierno más aterrador que se recuerda, pero no les sirvió de nada: una ráfaga de ametralladoras acabó con ellos y sepultó sus vidas y su memoria.
Esta semana el Ministerio de Presidencia ha aprobado una subvención de 20.000 euros, aún provisional, a la asociación creada por los familiares de dos de esos soldados para que se busque la fosa, la primera ayuda que se concede a víctimas de la propia República. Los trabajos empezarán a partir de septiembre en una superficie de 40.000 metros cuadrados y con la tecnología más avanzada, que aporta el geofísico Luis Avial: fotografía aérea con infrarrojos, georadar y gradiométro de protones.
En busca de familiares
En el proyecto participa también la Fundación Aranzadi, con su presidente Francisco Etxeberría que ha sido el responsable, entre otros proyectos, de exhumar los restos del cantante chileno Víctor Jara. Alvial, por su parte, ha detectado ya unas 70 fosas de la Guerra Civil.
«La gente no puede estar enterrada en las cunetas en un país de tradición de cementerios, da igual qué bando fuera el responsable», argumenta Avial. «La dificultad de esta fosa es que es un terreno enorme, las víctimas no eran del pueblo y las referencias son relativamente fiables, pero tenemos muchas posibilidades de encontrarla».
A esa esperanza se aferra Concha Esteban, nieta de Anacleto Esteban Mora, tambor de la 84ª Brigada Mixta, fusilado junto a los otros 45 soldados. Su padre, que aún vive, no llegó a conocerle. «Siempre me había conformado con que le pudiéramos hacer un pequeño homenaje, un monolito, una cruz, algo, pero si tenemos la oportunidad de exhumarlos y el resto está de acuerdo, sería un sueño». Ella y otra familia, la del soldado Victoriano Alegre Navarro, han promovido la asociación. Hasta ahora no han podido localizar a más parientes, como es su deseo. Su testimonio, llegado de boca de terceros, es desgarrador. Un compañero de su abuelo salvó la vida porque escapó ante una posible represalia. Él le ha contado las palabras del jovencísimo tambor negándose a huir. «¡No nos van a hacer nada. Son nuestros mandos, son de los nuestros. Tienen que entender que sólo pedimos lo que nos prometieron»! Pero no. A Anacleto y a otros 45 hombres les pagaron su lealtad con balas. El episodio es descrito con precisión y primor en el libro «Si me quieres escribir» (Debate) del periodista Pedro Corral y ese texto es el germen de la asociación creada por sus familiares y la razón de que el geofísico Avial se interese por la fosa.
La 84ª Brigada Mixta, perteneciente a la 40.ª División republicana, sufrió la mayor masacre perpetrada entre sus propias filas por los mandos republicanos que ha podido documentarse, tan sólo doce días después de haber logrado para su bando la conquista de Teruel. Sus combatientes pasaron de héroes a traidores. «Como recompensa a su valerosa actuación la 84ª Brigada es retirada del frente y enviada a descansar a retaguardia, a la población turolense de Rubielos de Mora -narra Corral-. Pero a los dos días, Franco desencadena una ofensiva para intentar recobrar la ciudad. La 84ª Brigada recibe orden de suspender su permiso y marchar al frente. Dos batallones se insubordinan y se niegan a volver a primera línea. Los hombres sólo piden que se cumpla el permiso que se les ha prometido después de haber luchado en la ciudad de Teruel durante más de tres semanas, casa por casa, calle por calle, a veinte grados bajo cero, y tras sufrir más de un tercio de bajas». El jefe de la 40.ª División, el teniente coronel Andrés Nieto Carmona, del PSOE, que había sido alcalde de Mérida, ordena apresar a los insurrectos y fusilar a 46 de ellos, sin juicio previo, contraviniendo así las disposiciones sobre Justicia militar del Gobierno republicano. Sus cadáveres acabaron en una fosa excavada, se cree, la misma noche de la ejecución. La lista de muerte fue enviada por Corral al juez Garzón, en plena ebullición de Memoria Histórica, aunque nunca remitió una respuesta ni mostró interés por buscar esos restos.
La subvención aprobada esta semana es el primer paso para devolver la gloria que les fue escatimada. Se harán mapas en tres dimensiones y el georadar descubrirá cavidades, muros u otros elementos. «Un cuerpo enterrado emite una corriente eléctrica muy pequeña, una señal débil, de ahí la dificultad, pero seguro que los encontramos. Ellos son los olvidados de los olvidados», resume Luis Avial. Después habrá que plantearse si los exhuman o no, un proceso millonario que precisaría de otra subvención. Todos los protagonistas insisten en que no se busca ideologías, sino personas, que la Memoria Histórica es de todos y, por tanto, el dinero también es para todos.

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