Actualizado Domingo, 28-06-09 a las 20:54
Cuando parece que la dura represión ha logrado sofocar las protestas en las calles, la República Islámica mueve ficha en la arena política y endurece su pulso con Occidente. Ocho empleados de la Embajada británica en Teherán, de nacionalidad iraní, fueron detenidos por haber desempeñado “un papel importante”, según la agencia Fars, en los incidentes posteriores a la reelección de Mahmoud Ahmadineyad como presidente del país. Horas más tarde, la policía iraní liberaba a "varios" de ellos, sin precisar a cuántos.
El Reino Unido, junto a Estados Unidos, Italia, Alemania y Francia están en el punto de mira de unas autoridades que les acusan de intentar promover una especie de “revolución de terciopelo” a través de los seguidores del líder reformista, Mir-Husein Musavi. En las próximas horas, además, expira el plazo para la salida del país que el ministerio de Asuntos Exteriores dio a dos diplomáticos británicos, y que fue respondido desde Londres con una medida recíproca.
La crisis abierta en Irán fue el tema estrella de la reunión de ministros de la OSCE que se celebró en la isla griega de Corfú. El responsable de la diplomacia británica, David Miliband, declaró que los arrestos son una "forma inaceptable de intimidación y acoso" y exigió la liberación inmediata del personal de su Embajada en Teherán. Todos los ministros de la Unión Europea presentes condenaron lo sucedido y advirtieron a Irán que la UE responderá "enérgica y colectivamente".
Jamenei cierra filas
La voz unánime de los miembros de la UE choca contra la posición del Líder Supremo, Alí Jamenei, que a través de un mensaje radiofónico aseguró que dado “la ignorancia de la autoridades occidentales, cualquier tema que quieran abordar desde una perspectiva política se convertirá en un tema intocable para Irán”. Jamenei marca la línea a seguir y Mahmoud Ahmadineyad le sigue sin separarse un centímetro. Tras su polémica reelección el dirigente fundamentalista anunció “medidas más duras” en las relaciones con Occidente para su segundo mandato al frente del país. Toda una declaración de principios a pocos meses de retomar el diálogo nuclear.
La tensión en política internacional se puede palpar también en la arena doméstica donde la división en la cúpula del sistema volvió a quedar patente un día más tras las reaparición de Hashemi Rafsanyani para pedir la revisión "justa y exhaustiva" de las más de seiscientas quejas presentadas por los candidatos derrotados al Consejo de los Guardianes, el órgano responsable de validar los resultados electorales.
Tras más de una semana fuera de la escena pública. Los medios reformistas colocaron al influyente clérigo y actual jefe de la Asamblea de Expertos en la ciudad santa de Qom, intentando convencer a los curas más importantes del país de la poca credibilidad de los resultados oficiales que otorgaron veinticuatro millones de votos a Mahmoud Ahmadineyad. Rafsanyani no dio un paso atrás y volvió a defender que lo ocurrido en el país es una "conspiración" desarrollada por "elementos sospechosos" destinada a dividir al pueblo iraní. Un ataque claro a su enemigo político, Ahmadineyad, que combinó con el elogio medido al Líder Supremo por su decisión de alargar cinco días más el plazo del Consejo de Guardianes para valorar el reciente recuento aleatorio de parte de los votos. Un recuento que para Musavi, sigue siendo una medida insuficiente.


