Domingo, 28-06-09
Mercedes Salisachs ha triunfado en la pasada Feria del Libro de Madrid con la novela «Goodbye España», basada en la vida llena de claroscuros de la Reina Victoria Eugenia, que la consagra como la escritora más importante del panorama literario español. La acción se sitúa en febrero de 1968, cuando, treinta y siete años después de exiliarse, Victoria Eugenia regresa a España, con un permiso especial de Franco, para asistir al bautizo de su bisnieto, don Felipe de Borbón. Serán cinco días en que se dedicará a revivir vertiginosamente los recuerdos del pasado.
Uno de esos primeros recuerdos es su choque con el marqués de Viana, al que acusaba de propiciar las continuas infidelidades del Rey. Pero a sus oídos había llegado el rumor de que Viana iba a intentar anular el matrimonio regio, con el argumento de la hemofilia introducido en él por la Reina, mientras el Rey sí podía tener hijos sanos (de hecho había tenido dos con Carmen Ruiz Moragas) y aquello era demasiado. Victoria Eugenia espetó a Viana: «No está en mí poder castigarte como mereces. Sólo Dios puede hacerlo. Tu castigo tendrá que esperar hasta que estés en el otro mundo».
El marqués de Viana se desmayó y hubo de ser retirado de la estancia, falleciendo dos días después. No sabía entonces Victoria Eugenia que su «adversario» venía de sufrir una angina de pecho unos días atrás y la conciencia de culpabilidad por haber provocado su muerte le acompañó el resto de su vida y terminó por enfriar las relaciones con su marido, el Rey. Este relato, fiel a la realidad, aparece, junto a referencias de la intensa amistad entre Alfonso XIII y el marqués de Viana, en todos los estudios históricos.
Poco más se conocía del marqués de Viana, hasta que Cajasur ha organizado, con fondos del Archivo Viana del que es propietaria, una exposición eminentemente fotográfica, y ediciones San Martín ha publicado el libro «Reyes y Cortesanos», sobre este personaje y aquella corte española que vivía en el siglo XX, pero estaba anclada en protocolo y maneras de actuar en el XIX. José Saavedra y Salamanca (1870-1927), nieto del duque de Rivas, era el segundo marqués de Viana, Jefe de Palacio de Alfonso XIII y amigo del monarca.
Y sí, era el compañero y propiciador de juergas de un Rey que necesitaba poco impulso para lanzarse a una vida disipada, pero que también amó a España: «El gran amor de Alfonso fue España -dice Victoria Eugenia- La quería como se quiere lo que desde que nacemos nos envuelve de certezas y se nos mete corazón adentro. Saberse marginado por aquel amor que ni siquiera pudo recobrar cuando la guerra que quiso evitar estalló, se convirtió para él en una realidad irreversible. Murió recordando a España, llorando a España y sufriendo por España». Un Rey con claroscuros, como el propio marqués de Viana.
Porque Viana fue más que el consentidor de Alfonso XIII. Fue quien le presentó a artistas como Sorolla, intelectuales y quien, junto a un círculo de leales, procuró ponerle en contacto con la sociedad. Vital y simpático, fue también militar, mecenas cultural, agricultor innovador, cazador, polista y pionero de la aviación española. En Córdoba protegió los intereses olivareros y adaptó su palacio a función de museo, adquiriendo colecciones de azulejos, cueros y pinturas. A su muerte, el Diario de Córdoba terminaba su necrológica diciendo que si España pierde una de sus relevantes figuras y la Monarquía uno de sus hombres más leales, también Córdoba «llora la pérdida de uno de sus más esclarecidos patricios».

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...
Facebook ABC.es