Sábado, 27-06-09
«Va a ser nuestro jugador franquicia, lo supe desde el momento que nos tocó la primera elección en mayo» comentó Mike Dunleavy, técnico de los Clippers. Con un apoyo así de claro, no cabe duda de que Blake Griffin tiene carta blanca para triunfar, aunque en su puesto haya superávit de jugadores (Chris Kaman, Marcus Camby o Zach Randolph). Va a ser la indiscutible figura del equipo.
Lleva un par de semanas en Los Ángeles buscando alojamiento y buenos lugares donde prepararse. Es un trabajador nato y no quiere dejar nada al azar. «En julio voy a participar en la Liga de Verano para ir conociendo a mis compañeros y para adaptarme a los sistemas», comentó, lo que es todo un detalle por su parte. Por lo general, las estrellas huyen de estas pachangas estivales y prefieren descansar bajo las palmeras, lo que no es su caso. Criado en una familia de deportistas (su hermano Taylor también jugará en la NBA, presumiblemente en los Suns) sabe que el éxito pasa por el esfuerzo. «Voy a trabajar lo más duro que pueda para mejorar en todos los aspectos», afirma.
Pasó como un vendaval por la Universidad de Oklahoma y en una sola temporada consiguió ser elegido mejor jugador colegial del año. Su impresionante registro de 30 dobles-dobles le avalaron para ese galardón y para que nadie tuviera dudas de que, si daba el salto a la NBA, sería con el número 1 asegurado.
Aunque algunos le achacan poca capacidad de liderazgo, él tiene un buen ejemplo en el que mirarse: Barak Obama. Es mulato, como su presidente, hijo de padre negro y madre blanca. «Es curioso que en las dos últimas elecciones (presidenciales y de «draft») hayamos triunfado personas bi-raciales. Me encanta. Puedes ver las cosas con otra perspectiva».
Quizás así no vuelva a cometer un error como el de su noche mágica: vestirse de morado, el color de sus eternos rivales angelinos.



