Zapatero dice que, después de bajar durante años la presión fiscal, «tenemos una situación nueva». Rajoy: «Perdone, esto parece un circo. No hay quien se aclare»
El Gobierno no renuncia a una subida de impuestos para afrontar la fuerte caída en la recaudación que registran las cuentas del Estado: 19.593 millones de euros en los cinco primeros meses de este año. Cuenta con el «no» de CiU y el PNV en diciembre a las cuentas del Estado, y por tanto sabe que sólo podrá sacarlas con los votos de ocho diputados de seis grupos minoritarios, la mayoría de izquierda. Por eso, fuentes del Grupo Socialista enmarcan el fiasco de la subida fiscal pactada con IU, el martes, en un movimiento táctico sólo para garantizar la abstención de CiU hoy en el Pleno. Esa abstención va a permitir al Ejecutivo sacar adelante el techo presupuestario pero no condiciona nada de la ulterior negociación del trámite de enmiendas, en otoño. Las mismas fuentes reconocen que el pacto fallido sobre la moción de IU-Iniciativa per Catalunya quizá no fue «la forma» ideal para hacer público un aumento fiscal, aunque insisten en no renunciar a los principios, pese a lo que diga CiU. Esto es, a que el cheque-bebe de 2.500 euros se cobre en función de la renta, como los 400 euros de desgravación, o volver a subir del 23 al 45% lo que tributan profesionales radicados en España -deportistas incluidos-.
Ayer, en sus primeras palabras en público tras el vodevil del martes, José Luis Rodríguez Zapatero no desechó la subida. Más bien lo contrario. Fue en el rifirrafe con Mariano Rajoy durante la sesión de control al Gobierno. Rajoy ironizó con el vaivén impositivo y Zapatero respondió recordando que cuando el PSOE llegó al Gobierno la presión fiscal global era del 34% y ahora del 32,8%. El presidente del Gobierno explicó que «hay que esperar al momento de los próximos presupuestos para saber qué vamos a debatir en ellos», y añadió que «ahora tenemos una situación nueva», la del creciente déficit del Estado.
Rajoy, por su parte, hurgó en la herida del fallido pacto PSOE-IU y le espetó: «Aquí, con usted, nada es previsible. Todo es imprevisible y así es imposible generar confianza. Perdone que le diga que esto parece un circo y que no tiene ninguna gracia porque estamos hablando de cuatro millones de parados. En una situación como ésta lo peor que le puede pasar a un país es tener un gobierno sin un criterio claro en materia de política económica».
Preocupación en el PSOE
Muchos diputados del PSOE critican en privado la falta de «fiabilidad» que supone anunciar una subida de impuestos y revocarla en seis horas. No ponen en cuestión la explicación oficial: IU no garantizaba el apoyo, hoy, en la votación del techo presupuestario, pero se preguntan quién decidió dar luz verde al anuncio cuando se estaba negociando, en paralelo, con CiU.
El propio portavoz del grupo, José Antonio Alonso, oficializó ayer la dificultad que va a tener el PSOE para negociar el Presupuesto de 2010 al admitir, en unas breves palabras de despedida a Ramón Jáuregui, que éste se va al Parlamento de Estrasburgo en el peor momento. El PSOE asume que en otoño tendrá que negociar el apoyo de ocho diputados, negociando con seis grupos minoritarios, para lograr la mayoría absoluta, porque CiU pasará de la abstención de hoy al «no».


