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Jueves, 25-06-09
Ya estuvo a punto de montarse una gorda en Roland Garros, y ahora el medio escándalo sigue. Ha sido cosa de la chiquita portuguesa, la nueva sensación del circuito, Michelle Larcher de Brito, que ha montado una auténtica revolución. En cada golpe que da chilla tanto que asusta al árbitro, a los espectadores y a la rival, que, indefectiblemente, acaba protestando. En París la amonestaron y ella, que tiene mucho genio y no se arruga, se fue al árbitro y le dijo: «A mí me adviertes, pero ¿a que a Sharapova no te atreves?».
Aquí, en Wimbledon, avisados los árbitros del problema que creaban algunas chicas con sus desmesurados gemidos, advirtieron a la misma Sharapova en primera ronda. Pero el hecho no arredró a De Brito en su encuentro, pues a medida que el partido se hacía más intenso gritaba más y más. Como la organización ya lo sabía, la pusieron en la pista 17, lo más alejada posible del gentío y de los vecinos. De Brito no se amilanó y advirtió que «nadie me puede decir que deje de gritar. No estoy aquí para estar tranquila sino para hacer mi juego, y en mi juego grito. Prefiero pagar una multa a dejar de gemir». Lo cierto es que la gente de la organización desplazó a la pista a un experto para medir los gritos de la lusa, por si había que llamarle la atención.
Los resultados fueron curiosos: ganó el primer set por 6-2 y los gritos apenas fueron mayores que los del metro, pero en el segundo ganó 7-5 y los ruidos crecieron bastante. Ella lo aclaró al final: «Si el partido es más duro, grito más. Si la gente no quiere oírlo, tiene una solución muy fácil: que salgan de su casa».
El caso es que no es la única que grita: además de Sharapova (110 decibelios, 25 más que el límite legal en un sitio de trabajo), Azarenka también se las trae en cada golpe, y Serena Williams, y muchas más, aunque ninguna como De Brito.
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