
Miércoles, 24-06-09
Aver si nos enteramos de una vez de que esto de la ecología va en serio. Un dato: el área protegida en España por la legislación nacional es hoy día similar a la de la Comunidad Valenciana y Cataluña juntas. En esa extensa superficie de terreno habitan miles de personas obligadas a hacer compatibles sus proyectos de vida y de trabajo con la conservación de la naturaleza circundante. No suelen ver en ello ni sentido alguno ni ningún tipo de compensación y se equivocan. La realidad está demostrando que esa visión cortoplacista y, en el fondo, un tanto miope, no tiene razón de ser. La protección ambiental, también desde el punto de vista económico, puede llegar a ser una buena cosa.
Acaba de aparecer un libro (gratuito por más señas) cuya lectura me atrevo a recomendar en el que se aportan datos de interés sobre este asunto. Carlos Sunyer, su editor, se ha tomado la molestia de buscar y ordenar las conclusiones de una serie de trabajos realizados en España para valorar el impacto social y económico de los espacios protegidos sobre las poblaciones locales. El resultado echa por tierra ideas y clichés nunca comprobados pero sí muy extendidos. Según el libro de Sunyer que lleva el titulo de «Ecoemprendedores; retos para la puesta en valor de los espacios protegidos» (www.terracentro.org), las políticas proteccionistas han favorecido la proliferación de nuevas actividades empresariales y la sangría demográfica de muchas de las zonas afectadas se ha atenuado con ello considerablemente. De hecho, se dice en este trabajo, cada vez son más los emprendedores que se acercan al mundo rural para desarrollar sus proyectos. La ecología es ya más que un freno un acicate. Convendría hacer llegar este mensaje a los pueblos de nuestra Sierra que miran con recelo la declaración del Parque Nacional. Menos construcción y más ecoemprendedores. A ver si nos enteramos.
Presidente de
Amigos del
Guadarrama


