Sin embargo, los más agoreros habían vaticinado la cancelación del cantante ante un montaje moderno -Nucci no siente gran aprecio por los directores de escena a los que califica de «abusones y arrogantes»- de la gran obra de Verdi, pero no fue así. El 19 de junio llegaba a Madrid para trabajar con el director musical, Roberto Abbado, y el 20 veía la función en el Real. Con ello rompía las directrices marcadas por la directora de escena que había exigido la presencia de los cantantes durante todos los ensayos al tratarse de una escenografía técnicamente complicada.
Constelación de cantantesPero es que Nucci ya pertenece a esa costelación de cantantes -que tan poco le gustan a Gerard Mortier- que hacen lo que quieren, al menos así lo declaraba el barítono en una entrevista a Efe el mismo día de su debut en el Teatro Real. Y es que en su opinión los directores tienen poco que aportar a la obra: «Ya escribió Verdi el personaje milimétricamente hace 158». Lo cierto es que el coliseo hizo todo lo posible -inicialmente el compromiso era por cuatro funciones pero Nucci canceló tres por otros compromisos en Pekín- por lograr ese encuentro del cantante con el público de Madrid.
El barítono que había visto el montaje previamente en un vídeo, trabajó la escena con la asistente de Wagemakers introduciendo algunos cambios. Quienes vivieron de cerca estos preparativos para la función del lunes certifican la gran tensión y atención de todo el equipo de cantantes que compartieron velada con el barítono, como Ciofi y Albelo. Era un jugada de alto riesgo, en la que se podía ganar o perder, pero que finalmente se saldó con una noche mágica. Una noche que tuvo como broche de oro el primer bis que se realiza en el la joven historia del Real, desde su reapertura en 1997, el duo de la «vendetta», junto a Ciofi. Tras 15 funciones recibidas con cierta frieldad por la crítica, el lunes la emoción afloró y levantó al patio de butacas.