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El público se asombra al entrar en casa de las Cariátides
AP Visitantes en el estreno del museo de Atenas
Es la primera vez en la historia museística griega que los visitantes pasean entre valiosas estatuas clásicas. «¿Y si tropezamos con ellas? ¿Se podrán tocar?», pregunta Yanis, esperando ayer para entrar con un billete electrónico, uno de los 750 visitantes para cada uno de los tres primeros días «de ensayo».
Al salir entusiasmado comenta que nunca pensó que podría observar desde tan cerca las obras maestras de la Antiguedad (tocar sólo pueden tocar las esculturas los ciegos). Los guardas de las salas, perfectamente uniformados (algo único en museos estatales) vigilan y seguro que piensan cómo se sentirán cuando haya casi mil visitantes por hora.
El museo es un enorme escaparate mirando a la colina de la Acrópolis por delante y a los feos edificios de pisos que se ven desde la parte de atrás. Los que sí están encantados son los comerciantes y dueños de restaurantes de los alrededores: las coquetas tiendas venden objetos de regalo más elegantes y chuches caras, y ahora las tabernas tienen el menú en inglés.
Otro visitante inglés, que no quiere dar su nombre, se muestra sorprendido. No esperaba algo tan bonito... y se deduce que quienes deben de estar ahora preocupados son los 25 «trustees» (patronos) del Museo Británico y su director, el escocés Neil McGregor. Siempre se dijo que «los mármoles de Elgin» no podían regresar -aparte de por cuestiones de propiedad- ni siquiera como préstamos, a una ciudad que no podría exponerlos con seguridad.
Ahora el nuevo museo tiene todas las características necesarias para asegurar la seguridad y preservación de las obras de arte, no hay casi contaminación, ni aviones volando por encima. Y el estudiante que salía casi el último del museo ayer confirma: «Esto es un sueño convertido en realidad. He crecido oyendo hablar de este proyecto y casi no me lo creía». Muchos han protestado por no tener acceso a un billete electrónico, pero a partir del miércoles funcionará con normalidad la venta de billetes en el atrio del museo, además de las reservas electrónicas.
Sonrisa enigmática
Las «korés», esculturas de sacerdotisas, siguen sonriendo de forma enigmática. Ahora de cerca se pueden apreciar los restos de colores en su mármol del monte Pendelis, tan dorado por la pátina de los mas de dos mil años, comparada con la blancura de las copias en yeso de los fragmentos de friso que aún permanecen en Gran Bretaña. Todas las esculturas esperan ahora a sus hermanas...
La inauguración fue muy lustrosa y balcánica: los griegos invitaron hace sólo dos meses y muchos de los invitados más esperados y deseados tenían otros compromisos, empezando por los Reyes de España (en viaje oficial). Pero en los discursos, empezando por el del presidente de la República, Carolos Papulias, se mencionó el deseo de que los originales en el extranjero vuelvan. Simbólico el gesto del Ministro de Cultura Andonis Samarás: colocó, con mucho cuidado y guantes especiales, un fragmento original encontrado en la Acrópolis, la cabeza de Iris (mensajera alada de la diosa Hera) en uno de los paneles de las copias inglesas.
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