El Gobierno chino se apunta al proteccionismo para intentar salir de la crisis aprovechándose de sus grandes inversiones. Para ello, ha dictado una orden por la cual «los proyectos de inversión del Gobierno deberían comprar materiales y servicios producidos en China a menos que éstos no puedan ser obtenidos a precios razonables».
Dicha regulación, que data del pasado 1 de junio pero ha sido publicada esta semana por los medios estatales chinos, establece además que «los proyectos que realmente se vean obligados a comprar materiales importados deberán ser aprobados por los órganos gubernamentales competentes antes de llevar a cabo la adquisición».
El régimen de Pekín, que tanto criticó en su momento el plan «Compre americano» de Obama para estimular la economía estadounidense con productos nacionales, cae también en el proteccionismo en estos tiempos de crisis e incertidumbre económica. Sin embargo, el Gobierno chino cuenta en esta ocasión con una importante baza a favor que coloca a las empresas de su país en clara situación de ventaja con respecto a las extranjeras: su propio plan para incentivar la economía, cifrado en 4 billones de yuanes (422.951 millones de euros).
«Compre chino»
Como en otros países, dicha inversión pretende estimular el crecimiento económico a través de grandes obras públicas e infraestructuras, pero las compañías extranjeras temen quedarse sin un trozo de tan jugosa tarta por culpa de la campaña «Compre chino».
De hecho, la Cámara Europea de Comercio ya criticó el pasado mes de mayo que las compañías eólicas occidentales, incluso aquéllas que cuentan con fábricas en China, se habían quedado fuera de las iniciativas contempladas por el multimillonario plan de estímulo. «Las condiciones están puestas de tal modo que, por definición, las firmas extranjeras van a quedar excluidas de las adjudicaciones», se quejó el presidente de la Cámara, Joerg Wuttke.


