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Ray Loriga: «Escapar del círculo novela tras novela es un verdadero placer»
El escritor Ray Loriga /EFE
Actualizado Jueves, 18-06-09 a las 17:31
Trabajar cansa, escribía Pavese. Y no sólo agota el oficio de vivir. El oficio de contar y de escribir también exige puntual su cuota de sangre, sudor y lágrimas. Por eso, aunque escribir no sea como estar tostándose bajo un sol homicida en lo alto de un andamio, los autores de vez en cuando se dan un respiro, dejan de retorcer las palabras, de estrujar los argumentos, y se entregan, simple, sencilla y llanamente a los párrafos más placenteros.
Desde los 25 años, en que debutara con «Lo peor de todo», Ray Loriga ha acudido puntual a su cita novelística con los lectores. Apenas hace unos meses, publicaba su última narración, perdón, penúltima, «Ya sólo habla de amor», pero ya está de nuevo en las estanterías con «Los oficiales y El destino de Cordelia» (en edición primorosa de El Aleph Editores), un libro inusual, por su forma, como un libro de los de antes, y su fondo, apenas dos relatos, aunque sean dos hermosas narraciones, trufadas de calidez, de aliento poético, de vestimentas románticas.
Un tipo afortunadoCon este nuevo vástago, exonerado momentáneamente de la obligación de escribir novela tras novela, Ray se siente afortunado «porque tengo la suerte de poder salirme de vez en cuando del modelo novela va, novela viene, y recuperar el gusto por la escritura a secas. Ha sido una experiencia muy placentera».
No desvelemos aquí urdimbres ni tramas, sólo comentemos que un aura romántica, de morriones de húsar, se cierne sobre «Los oficiales», y que el Mediterráneo que cautivó a Byron ilumina con sus atardeceres rojos la pasión a tres bandas de «El destino de Cordelia». «Sí, las dos narraciones tienen un trasfondo de romanticismo, supongo que proviene de haber estado leyendo desde hace tiempo a escritores románticos, sobre todo alemanes. Asumir esa influencia y querer formar parte de ella es como volver hacia atrás en el tiempo y en la literatura».
Estos oficiales podrían ser los duelistas de Ridley Scott, o cualquier teniente del ejército del duque de Wellington, siempre dentro de un tono evocador y, como debe suceder en toda buena narración, recorrida por un sutil pero inequívoco hilo poético devana la madeja de este libro: «Sí, creo que todo escritor un poco serio o que aspire a serlo debe leer poesía, pero también teatro, ensayo, leer y leer sin pereza y con gusto, que para eso nos dedicamos a esto. Al fin y al cabo, todo escritor nace de un lector muy entusiasta».
Antes que empezar «todas las mañanas desde cero, con el ordenador abierto esperando que me llegue algo», Ray Loriga prefiere un método que ha ido perfeccionando con el tiempo y que consiste, «en pasar bastante tiempo pensando, tomando notas sobre lo que voy a escribir y luego ya subirlo al ordenador, volcarlo. Es un trabajo de siembra y cosecha».
Que al lector le aproveche, que le aprovechará, esta cosecha, y que Ray Loriga se solace con los fichajes de Cristiano, Kaká y quién sabe si también de Villa, porque al fin y al cabo, como destaca el novelista en el último regate, «mi hobby, mi entretenimiento favorito es el fútbol, es lo que más me refresca». Este pequeño libro, sin ir más lejos, es un golazo por la escuadra.
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