El 85 por ciento de los niños españoles entre seis y doce años se consideran felices. Sin embargo, no vinculan el éxito escolar con su dicha. Un error, según un estudio de la UCM y la Fundación Crecer Jugando

Cómo viven la felicidad los más pequeños
FAMILIA
Conforme los niños crecen, la relación con los padres pierde peso en favor de los amigos o hermanos
FUTURO
Los escolares encuestados tienen dos anhelos: emanciparse (42%) y encontrar trabajo (34%)
RECONOCIMIENTO
Los chicos creen que se les valora porque son buenos en deporte, y las chicas, en creación artística
GRADO DE SATISFACCIÓN
Los más pequeños, de 6 y 7 años, son dos puntos más felices (9 sobre 10) que los preadolescentes
Los niños españoles de entre seis y doce años le ponen un sobresaliente a su felicidad: 8,5 sobre 10. Una nota «positiva» y «normal», según el estudio elaborado por un grupo de profesores de Pedagogía de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). La Fundación Crecer Jugando también ha colaborado en el mismo.
«El día más alegre fue la Nochevieja, porque mi primo se comió las uvas y luego le salieron por la nariz». Tanto para Inma (8 años), como para el resto de los 817 escolares encuestados, la familia es la primera fuente de dicha. Incluso las situaciones negativas, como las discusiones en casa, la separación de los padres, la muerte de un familiar o la pérdida de una mascota se configuran de «forma comunitaria», apuntó Gonzalo Jover, uno de los autores de la investigación presentada ayer: «El deseo de soledad no se da en los niños; todo lo viven para y desde los otros».
Seguros y ansiosos
Bianca Thoilliez, encargada de realizar las entrevistas a los más pequeños, se encontró con dos grupos muy distintos. Por un lado, el de los satisfechos; por el otro, el de los ansiosos. Los primeros «se sentían muy seguros con el mundo que les rodeaba», mientras que los segundos «soñaban con tener más libertad, no hacer deberes, dejar el colegio o, incluso, formar su propia familia». Aspiraciones a largo plazo en esta «doble dimensión del crecer» en la que parece «no cabe el éxito escolar».
«Estar con mis amigos es lo mejor. Me lo paso genial con ellos, jugando y hablando de nuestras cosas». A Julia (9 años), además, como a la mayoría de sus compañeros, sus profesores y progenitores la reconocen sus buenas calificaciones y su esfuerzo. No obstante, Jover asegura que los chicos de hoy le otorgan un «valor puramente instrumental» a la escuela: un lugar para la diversión. Por eso, el catedrático de Pedagogía de la UCM insiste en «provocar un sentido de crisis». La educación es «crítica» e «inconformista»; se debe «estimular» a los más pequeños a «esperar» siempre a más. Celestino (8 años) es el mejor ejemplo: «Si me aplico podré ser muy listo y tendré un buen trabajo». Los niños españoles son los segundos más felices de Europa, por detrás de los de los Países Bajos. Aunque, los primeros en autocomplacencia.


