Tragedia de San Rafael: la condena que Franco le perdonó a Jesús Gil
Rescate de los cadáveres tras el derrumbe FOTO: ARCHIVO ABC
Actualizado Martes, 16-06-09 a las 17:02
Han pasado cuarenta años. Fue el 15 de junio de 1969. El recién inaugurado restaurante del complejo turístico Los Ángeles de San Rafael se derrumbaba sepultando entre los escombros 58 vidas. El por aquel entonces joven constructor soriano Jesús Gil y Gil, propietario del complejo, fue condenado a cinco años de prisión por un delito de imprudencia temeraria. El régimen franquista no fue demasiado severo con él. A los dos años de aquello el Gobierno le indultó y pudo proseguir con la construcción de su incipiente emporio. Hoy, Los Ángeles de San Rafael sigue constituyendo uno de los principales pilares patrimoniales de la familia Gil.

La noticia ocupó las portadas de todos los peródicos de la época. «Tragedia y solidaridad en San Rafael» tituló entonces ABC en su primera, que ilustraba con fotos de los cadáveres yaciendo cubiertos con una sábana al pie del comedor derrumbado.

Los reportes periodísticos daban cuenta de cómo se había producido el dramático acontecimiento. Aquel día, una convención de la cadena holandesa de supermercados SPAR, que celebraba los nueve años de su presencia en España, servía para inaugurar uno de los restaurantes del complejo que Gil estaba poniendo en pie. A la comida asistían también autoridades como el teniente-alcalde Segovia, Manuel Mosácula, que se salvó tras ver como los 500 comensales cuyo encuentro presidía eran engullidos por un torbellino de ladrillos y argamasa en caída libre. Así lo explico el edil: «Estar viendo a toda la gente sentada allí, delante de nosotros y de pronto no ver a nadie». A las tres menos cuarto de la tarde, todo se vino abajo. La mesa presidencial que ocupaba Mosácula estaba sobre la parte de la estructura que no se colapsó.

Solidaridad espontáneaDe inmediato se activó la solidaridad de los segovianos de la época, que acudieron masivamente en sus Seat 600 y 850 a donar sangre a los centros sanitarios donde se concentraban los heridos. También se activó la indignación de la mayoría. Todo parecía indicar que el derrumbe se había producido por negligencias en las obras de edificación y por la apresurada inauguración de la misma. Muchos testigos informaron de que la argamasa todavía estaba fresca el día del fatídico convite y todos los comentarios subrayaban los defectos constructivos. El Ministerio de Turismo informaba pocos días después del siniestro de que Gil no había solicitado los oportunos permisos. Lo del urbanismo desbocado, una de las lacras de la España actual, parece ser, también pasaba con Franco.

El juez instructor decretó esa misma noche el ingreso en prisión del propietario del complejo en que se produjo el siniestro: Jesús Gil y Gil. Hasta aquí, tan lejos en el tiempo, llegan los antecedentes de los desmanes urbanísticos de quien fuera mandatario rojiblanco. No sería la primera vez ni la última que el grotesco empresario pasó apuros con la Justicia.
Pero no es la de Gil la única figura destacada de la más reciente historia española que por aquel entonces emergió a las portadas por primera vez. Un joven político falangista era entonces el gobernador civil de Segovia. Se trataba del brillante Adolfo Suárez que tendría en la gestión de la tragedia el primer «miura» que lidiar de su prometedora carrera política. Sus superiores en Madrid debieron valorar bien su gestión porque le condecoraron con la Cruz de Beneficencia, aunque uno de los jueces del tribunal que vio el caso, José Manuel Orbe, declarara años después que percibió aquello como una tapadera para desviar la atención.

Todavía hoy conmueve leer las crónicas de la época: En ABC, Alfredo Semprún escribía: «Hemos contado cincuenta féretros, pero son cincuenta y uno los cuerpos que reposan en ellos, una niña de unos tres años de edad, duerme ya el sueño eterno estrechamente abrazada al cuerpo también sin vida de su madre. Gil fue condenado finalmente el 7 de octubre de 1971. Apenas cuatro meses después, el general Franco firmaba el indulto que le devolvía la libertad.

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